LA VELETA
Cara a cara
POR UNA variedad de razones, Ruiz-Gallardón tiene ganas de enfrentarse a Zapatero en las urnas, y para escenificar ese duelo de momento imaginario ha decidido que el aspirante socialista a regir la alcaldía de Madrid representa al presidente del Gobierno, a efectos electorales. El actual alcalde de la ciudad tiene razón, en parte al menos, pues Miguel Sebastián, hasta hace dos días director de la Oficina Económica de la Presidencia, es la solución que ZP ha dado finalmente al enmarañado problema del candidato del PSOE a alcalde de la ciudad. Como se trata de una designación personal y anticipada, de la que se ha enterado la federación socialista madrileña con notorio retraso, Ruiz-Gallardón se ha creído con derecho a defender su alcaldía madrileña frente a Zapatero, por mucho en las trincheras vaya a combatir su edecán de campo. Será Zapatero «quien asuma la responsabilidad del resultado» electoral, ha dicho Ruiz-Gallardón, mirando tal vez con un ojo a su confortable despacho y con otro al interior de su partido, donde abundan los personajes que le son francamente hostiles. También depende de algún modo la brillante y aún indescifrada imagen de Zapatero de las elecciones municipales de Madrid, pues, insista o no Ruiz-Gallardón en ello, del resultado que obtenga Miguel Sebastián deberá responsabilizarse quien se lo ha sacado de la manga. En medios cercanos al palacete gubernamental se sugiere que es preferible que el presidente pague las consecuencias de una derrota previsible de Sebastián a que tuviera que soportar los efectos a menudo enojosos que hubiera desencadenado una victoria del evasivo Bono, quien ya habría devuelto diente por diente cualquier ofensa que creyera haber recibido. De ahí puede deducirse que Ruiz-Gallardón se juega más que Zapatero en el tapete municipal, pues el presidente podría sobrevivir sin gobios a una derrotada de Sebastián mientras que la dirección del PP organizaría un solemne responso y discretos funerales por Gallardón si fuera derrotado. Ruiz-Gallardón va a luchar ardorosamente por su victoria, y no sólo para sobrevivir políticamente sino para demostrar al PP, con la elocuencia de la aritmética electoral, que en el partido sólo hay un hombre que podría derrotar a Zapatero, suponiendo que vaya a sostenerse durante seis meses la tesis de que Miguel Sebastián, además de una elección personal del presidente, es algo así como su androide. Pero Sebastián tiene personalidad propia, aunque desconocida del gran público, y ya empieza a dirigirse a los ciudadanos más necesitados de atención, los jóvenes que no tienen vivienda, los que tardan horas en llegar al puesto de trabajo por la densidad agobiante del tráfico en horas punta, los ancianos que viven en soledad...