PANORAMA
Fair play
UN ANUNCIO publicitario que promueve un importante evento deportivo expresa el siguiente mensaje: «Quien dijo que lo importante es participar, no ganó nunca». El texto está escrito sobre la imagen de una pelota de tenis estampada sobre una superficie, que queda destrozada por la fuerza del impacto. No sé si el creativo publicista y el gran público destinatario conocen la autoría de la frase que se pretende combatir. Se trata del lema de los Juegos Olímpicos y tiene una evidente dimensión educativa. Se cuenta que Pierre de Coubertin, el gran difusor del Olimpismo y Presidente de su Comité Internacional, lo formula en la clausura de los Juegos de Londres de 1908 al declarar: «Lo importante es participar, más que vencer. En la vida lo que importa no es el triunfo sino la lucha, lo esencial no es haber vencido sino haberse batido bien. Recordad estas palabras hasta formar la base de una filosofía serena y sana». De Coubertin se inspiró en una reflexión previa hecha por el Arzobispo de Pensilvania en un oficio religioso celebrado al inicio de esos Juegos. No resulta extraño que esta declaración de principios se hiciera en Londres, capital del fair play británico. Resulta complejo traducir la expresión fair play. En todo caso debe llevarse más allá del estricto cumplimiento de las reglas. Su concepto se adentra en un comportamiento elegante no exigido por ningún reglamento. El adversario es un compañero de competición a quien se debe, en todo caso, respeto. El permanente mantenimiento de las formas, la falta de ostentación en la victoria y la corrección en la derrota son, además, sus signos distintivos. Atenta, pues, contra el fair play un desorbitado énfasis en la consecución de la victoria. Parece que este principio resulta hoy obsoleto y se ve arrumbado por «la cultura del éxito» que, como reflejo de la sociedad, impera en el deporte. Por ello, me impacta tanto ese anuncio ya que su mensaje estético y verbal, con su indudable carga violenta, es un ataque frontal contra todo lo que representa el juego limpio.