Diario de León
Publicado por
ANTONIO NÚÑEZ
León

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CU ANDO servidor aún no había cambiado los dientes de leche ya mi madre me tenía catalogado como «peor que un dolor de muelas». Y con el tiempo la cosa ha ido empeorando hasta la última pifia de ayer, ya ni me acuerdo de cuál, en que me soltó, porque ya tengo los colmillos largos y no me dejo dar sopapos, lo de «a tí lo que te falta es la muela del juicio». Se hacen muchas burradas en la vida, pero madre no hay más que una. A Zapatero, en cambio, lo encontré en la calle y, si bien no tiene nada que ver con la familia, porque cada uno es la madre que lo parió, con el tiempo le he ido tomando cariño. Como le pasaba a la mía, sin él nada tendría sentido para mí, ni siquiera trabajar, sobre todo desde que llegó a presidente del Gobierno. Hasta podría decirse que es ya lo único que me importa en la vida, aunque sólo sea porque no me joda el resto y la pensión. Cuando después de las Torres Gemelas y el 11-M el chico propuso lo de la Alianza de Civilizaciones primero pensé tiernamente que aún no le habían salido los dientes de leche, aunque no vea usted como le apuntaban cuando empezó a mamar de pequeño como diputado socialista por León. En lo del Estatut catalán barrunté con un «ya se le caerán» que estaba echando las primeras muelas y nos amoló. Ahora en lo de las negociaciones con ETA no queda más remedio que disculparle, porque aún no le ha salido la muela del juicio. No vea usted qué flemón se le pone al rapaz cada fin de semana cuando se hincha la caries esa de la kale borroka . Así que, consultado el dentista, me contó para que entendiera lo del «proceso de paz» el chiste aquel del que iba a sacarse una muela podrida y, mientras el odontólogo blandía las tenazas, el paciente lo tenía cogido, con perdón, por los huevos: «¿Verdad, doctor, que no vamos a hacernos daño?». En lo de Otegui, el ácido bórico de ETA y todo lo demás del 11-M, por ahí calculo yo que va el diagnóstico. Si no, de qué.

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