APOLOGÍA DEL BIEN
Socioanálisis
TODOS LOS ANALISTAS, tanto los teóricos como los empíricos, coinciden en que la Transición española fue un paso muy importante para iniciar el camino hacia la democracia. Pero, después de treinta y uno de la muerte de Franco, aún no tenemos democracia real y por esos sufrimos las carencias. Una prueba: los poderes fácticos de la dictadura, no sólo siguen actuando en la sociedad, sino que gozan de más libertad, más impunidad y más ventajas que en la dictadura. Se han quedado con todas las empresas públicas. El consenso logrado por los partidos en el momento la llamada Transición fue un arreglo interesado, pero no un paso total hacia una democracia coherente con los principios y los conceptos democráticos. No hemos avanzado porque los líderes de los partidos mayoritarios no han hecho lo necesario, más bien lo contrario, para que la cultura democrática penetre en el pueblo. Democracia es mucho más que votar cada cuatro años a unas u otras siglas en las que están los sujetos que le interesa al grupo que manda en cada partido. Podemos decir, con algunas matizaciones, que los únicos países que tienen democracia son Finlandia, Noruega, Suecia y Holanda. Son democráticos porque los ciudadanos tienen cultura democrática, porque reparten la riqueza a través de sueldos e impuestos, tienen servicios sociales de calidad y a costo justo, no aceptan el fraude fiscal ni la corrupción. La candidata de los socialistas franceses a la presidencia de la república, consciente del déficit democrático francés, ha propuesto dar el paso hacia la democracia participativa, que, en la práctica, consiste en abrir cauces para la integración activa de los ciudadanos en la prevención y en la solución de los problemas. Tomemos nota. Tendremos democracia real cuando haya relaciones directas entre diputado-ciudadanos, alcalde-ciudadanos, concejal-ciudadanos y ciudadanos-ciudadanos. Si los ciudadanos discuten, analizan los problemas que tienen en su ciudad, en su barrio, en su hospital, en su colegio, en su universidad, pues evitamos el problema y evitamos que el demagogo de turno diga que lo resuelve si los ciudadanos lo votan a él. Además, cultivando la cultura democrática, los ciudadanos cultivamos al mismo tiempo la solidaridad y la conciencia colectiva, y además debilitamos los egoísmos, la agresividad y la violencia que hoy en día marcan los comportamientos de nuestra sociedad. Es verdad que tenemos derechos escritos en las leyes. Pero las mismas leyes nos hacen desiguales, porque no son democráticas. Además, acceder a esos derechos no siempre resulta fácil, no hay quien responda. Porque el diputado o el alcalde, están simplemente en lo suyo, y con guardaespaldas.