CANTO RODADO
La microviolencia que les alienta
LA Plataforma contra la Violencia Machista de León ha dado ejemplo de constancia y firmeza en el rechazo público a los asesinatos de mujeres durante un año y medio. Cada lunes, cada semana después de uno o varios asesinatos -ha habido temporadas sangrientas-, han vuelto a Botines para llamar la atención de viandantes y medios de comunicación sobre lo que todo el mundo llama lacra social, la violencia hacia la mujer, pero sobre la que todavía sólo una minoría es capaz de ejercer una lucha sincera y no interesada. Son muy pocas las personas que reconocen que el sexismo contribuye a la violencia y muchas las que piensan que no hay que erradicar las desigualdades en el lenguaje, ni, mucho menos, todo el rosario de chistes machistas que sujetan un acervo brutal en el que la mujer es colocada en situación de inferioridad y casi siempre de humillación con respecto al hombre. La coeducación se reduce a la escuela mixta y sólo una minoría de niños y niñas -por suerte aún hay enseñantes con mucho sentido común- tienen la oportunidad de disfrutar de una enseñanza que integre la igualdad de géneros en todo el curriculum académico, incluídas las matemáticas. Sin embargo, todo esto aparece recogido en la ley de medidas de protección integral contra la violencia de género, que afecta incluso a los medios de comunicación, como deja claro su artículo 14. La ley fue un acto de valentía del Gobierno de Zapatero, pero ahora está pidiendo a voces un impulso de más calado que las medidas policiales y judiciales. Las mujeres que denuncian tienen muchas más oportunidades de salir del círculo de la violencia; pero el problema no está sólo en que haya otras que no se atreven a dar el paso... Se insiste demasiado en decir a las víctimas lo que tienen que hacer, pero apenas se nombra lo que no tienen que hacer quienes ejercen la violencia. Los maltratadores no son tratados socialmente como delincuentes y son alentados por la microviolencia que no queremos ver.