BURRO AMENAZADO
Riberas y riadas
LOS TREMENDOS chaparrones traídos por los temporales atlánticos de este otoño de calor, pasto y paraguas han causado desbordamientos y algún destrozo, caso de los puentes de los arroyos de Valseco - camino a Salientes- y de Vivero, algunas casas de Castrocontrigo y varias curvas de Corporales a la vera del Eria, la carretera de Lois y el arrasamiento de las instalaciones del parque del Esla en Valencia de Don Juan, imprudentemente colocado en una margen donde siempre carga la torrentera cuando el río se pone bravo. De repente, alcaldes y vecinos empiezan a calentarse contra la Confederación Hidrográfica del Duero, acusada de madre de todos los desastres y que, gravísimo pecado, no limpia los ríos ni llena de más embalses León, solar que nutre de caudales y kilowatios a media España. Recuerden que el dominio público hidráulico, gestionado por el Ministerio de Medio Ambiente, supone en nuestro país menos de 20.000 kilómetros cuadrados (un 4% del territorio nacional), aunque fardemos de 127.888 kilómetros de cauces, eso sí hechos un desastre por ocupación agrícola y urbana de las márgenes, descuajes de sotos para plantar chopos híbridos, encauzamientos, canalizaciones, extracciones de áridos y vertidos de todo tipo. Las riberas están muy degradadas en extensión, continuidad y naturalidad, y son fundamentales para frenar crecidas, suavizar el clima protegiendo de las heladas y la insolación excesiva, y actuar como cortavientos del vendaval, además de constituir refugios para la flora y fauna silvestres. Si Confederación actúa, vale con que retire la madera muerta del cauce, esos troncos caídos y secos que, arrastrados por el turbión, pueden taponar los ojos del puente y originar la avalancha. No observo al ribereño vociferante dando ejemplo de buen trato al río, depósito de plásticos estiércol e inmundicias, y, menos, podón en mano, limpiando las zarzas de sus predios particulares colindantes al reguero público.