Diario de León

EL MIRADOR

La corrupción, de vacaciones

Publicado por
FEDERICO ABASCAL
León

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A PESAR DE LA excelsitud de su función, el actual fiscal general del Estado se mueve por la vida como un ciudadano en nada diferente a su prójimo, y esa actitud inspira recelos en las altas jerarquías civiles que ven en la normalidad social de los altos cargos un desafío de irreverencia a la autoridad política. El fiscalísimo Conde-Pumpido trata a los políticos con la misma irónica delicadeza que a sus vecinos de portal, y por ahí podrían sobrevenirle inspiraciones políticamente incorrectas. Es difícil que un jurista con facultades decisorias en el cumplimiento de la ley responda con seriedad de tarima judicial cuando un político le pregunta subliminalmente en una ceremonia pública si los fiscales van a seguir abriendo casos de corrupción urbanística en ayuntamientos de Mallorca gobernados por el PP. Conde-Pumpido le dijo hace tres días a Mariano Rajoy que, de momento, no, pero sin prometerle nada, porque el fiscal general no ordena a sus subordinados que realicen a ojo prospecciones de anticorrupción, como si fueran prospecciones petrolíferas, pero que si en algún punto aparece un delito o una denuncia, no van a cruzarse de brazos. Pero no ha dicho el fiscal general lo que seguramente habrá pensado, y es que a santo de qué se le solicita formal y públicamente, muy públicamente, una audiencia cuando una breve conversación telefónica entre Palma y Madrid hubiera ahorrado tiempo y viajes. Y, desde luego, hubiera cortado de raíz la posibilidad de que el entorno político de Jaume Matas sugiriera que el presidente había pedido audiencia para pararle los pies al fiscal general. Conde-Pumpido desdramatiza la dramatización innecesaria que algunos políticos añaden al ejercicio de la Justicia, un campo o poder en el que los partidos, todos ellos, quieren mandar, y en ocasiones lo consiguen, sobre todo cuando proyectan sus mayorías legislativas sobre el Consejo General del Poder Judicial o sobre las secciones más delicadas del Tribunal Supremo. Sin desdramatización, un gesto enigmático de Conde-Pumpido ante la impaciente curiosidad de Rajoy hubiera encendido todas o muchas alarmas municipales de Mallorca en estas prevísperas navideñas, mientras que su respuesta aclaratoria, pero condicionada a la cristalización de cualquier sospecha, augura a la presunta corrupción aún enmascarada la celebración de unas Navidades felices, contando billetes negros y quemando papeles indiciarios o probatorios. Ayer se mostraba gozoso el gobierno balear, a cuya vicepresidenta le parecía «normalísimo» que el fiscal general no se comprometa a garantizar que no va a haber por ahora más intervenciones policiales/judiciales en ayuntamientos mallorquines. La respuesta de Conde-Pumpido a Rajoy viene a decir que no se han puesto de muestra nuevamente los perdigueros de Anticorrupción, aunque siguen olfateando los vientos, unos vientos que huelen a salitre, a yodo marinero, a algas removidas por el viento de levante y a moral corrupta en algunos municipios y en bastantes promotores/constructores. Y todo ello ante el asombro de que la sociedad, con el silencio de sus patriarcas urbanos y rurales, haya permitido y permita que se embadurne el paisaje y se arruine la riqueza ecológica del país.

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