Diario de León
Eduardo Aguirre
León

Creado:

Actualizado:

LA ASOCIACIÓN para el Estudio de la Represión en León presentará este mes su proyecto, en medio de algún trueno, que  ojalá quede en mero nubarrón. Conozco bien a las cuatro personas que,  en palabras de Alberto Pérez Ruiz, eran los integrantes de la asociación hasta que se recibió la subvención estatal de 140.000 euros; precisamente, él era una de ellas. No pertenezco a la AERLE, aunque asisto  a la tertulia que fue uno de los punto de partida de la misma,  unidos por nuestro interés sobre la guerra civil. Conozco bien el tesón y la humildad con la que han venido  recogiendo testimonios y documentos. Nunca he captado un ápice de resentimiento,  ni siquiera en quienes la ejecución de familiares podría haberles predispuesto  a ello. La iniciativa ha partido de leoneses inquietos y capaces, que trabajan fuera de la  órbita de los partidos, aunque la ideología mayoritaria sea la socialista; no obstante,  la primera presidencia fue la de aquel hombre bueno llamado Joaquín Vecín, de  IU. Enseguida, la maquinaria de las maledicencias se ha puesto en marcha. Ni el  padre del presidente del Gobierno es miembro de la asociación, ni Antonio Gamoneda necesita que nadie dé un golpe de mano para nombrarlo presidente de algo. El prestigio de Pérez Ruiz es incuestionable, pero los votos dan o quitan mayorías. La importancia de la iniciativa  y la calidad humana de quienes están al frente, de unos y de otros,  merece mejor suerte que servir de transmisión al  sensacionalismo periodístico de las medias verdades, que degenera enseguida en mentiras absolutas. Estudiar aquella tragedia colectiva, incluso cuando se hace con voluntad constructiva y mesura, sin rencores,   implica descender a los infiernos. Qué necesidad hay de extender más llamas. Y con falso fuego.

tracking