Estatuto y autonomía
Nuestro ministro Moratinos, Dios le bendiga, tiene un curioso concepto de la diplo macia. Se supone que la diplomacia es el oficio de representar y defender los intereses de un Estado con respecto a otro, u otros estados. Así pues, nuestro ministro Moratinos, a quien Dios guarde, tiene por delante la tarea de velar y defender los intereses del común de los españoles, el Estado Español, la Nación, o este país, como se dice ahora. Sin embargo, nuestro Talleyrand de bolsillo todavía no ha encontrado tiempo ni oportunidad de hacerlo. Nuestro ministro Moratinos, larga vida a él, es hombre que busca nuevos espacios para la diplomacia. Hombre de horizontes abiertos, debe considerar que defender los intereses patrios es cosa antigua y desfasada, algo cateto y vulgar, objeto por debajo de su nivel. Debe ser por ello que se dedica a promover quimeras en plan paz mundial. Y en tan vasto intento propone una cumbre internacional que trate sobre la «alarmante intolerancia hacia el mundo musulmán». Extraordinario proyecto, fabuloso objetivo y descomunal propósito. A tal fin ha elegido a Córdoba como sede. La cuestión es que, hoy por hoy, la única cultura intolerante que conocemos es la musulmana: no distingue, no puede, entre ley coránica y ley civil y, por tanto, sólo admite teocracias; no existen en ella hombres libres ni ciudadanos, sólo creyentes; la mujer vale la mitad que un hombre, se le secciona el clítoris para que no pueda sentir placer; se la lapida en adulterio, al hombre no; se corta la mano derecha al ladrón, porque con la otra se limpia el antifonario; los verdaderos creyentes no pueden integrarse en la sociedad occidental por pecaminosa; en sus países no se permite otro culto, incluso se persigue. Y más, mucho más. Todo el mundo lo sabe. ¿De qué intolerancia hablamos? ¿Por qué meter a Córdoba en todo este lío? No tengo nada contra la Alianza de civilizaciones si eso fuera posible. Estoy a favor del diálogo entre culturas cuando haya reciprocidad. Moratinos sería un gran diplomático si promoviera esto en cualquier ciudad de Irán, Arabia Saudí o Sudán. Para eso hay que tener mucho cuajo político y ya se ve que no es el caso. Lo fácil es montar el tinglado en Córdoba, aunque la ponga en una encrucijada que la perjudica. Pero a él ¿Qué más le da? Que Dios guarde a Moratinos. Pero en un lugar donde no haga daño. Ana Llamas Morales (Córdoba). Sin entrar a valorar los mo tivos que han llevado a condenar a la horca a un dictador sanguinario, ni siquiera a considerar la pena de muerte como castigo, la exhibición de las imágenes de la ejecución de dicho individuo, una y otra vez por las televisiones, en horas de máxima audiencia, cuando niños, jóvenes, menos jóvenes y viejos la ven, me parece deplorable. Imágenes, según parece robadas, da igual, que no debían salir a los medios, porque no se trata de que sean «ejemplarizadoras», con dar la noticia hubiese bastado, van más allá, es robarle a un ser humano, por muy malo que sea, el derecho a morir con la mayor dignidad posible, en este caso poca, pero hasta ese poco se le ha quitado, es la consecuencia de la pérdida de valores de una sociedad que no considera la vida como un don maravilloso que no le pertenece, y creen que puede darla, manipularla, o quitarla a su conveniencia. Las televisiones dirán que el morbo, el sufrimiento, la sangre, venden. Pues qué bien. ¡Socorro! Juana Solís Gaitán José Ángel Rodríguez Rodríguez. (León).