Diario de León
Publicado por
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS
León

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CON EL ATENTADO de Barajas se ha hecho realidad aquello de que «quien tropieza y no cae gana terreno». En efecto, después de la ruptura del alto el fuego (reconocida incluso por Batasuna) y de la inflexión, al menos, del proceso de paz, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha recuperado la marcha en común con sus socios, es decir, con todas las fuerzas políticas excepto el Partido Popular. Desde el jueves pasado Rodríguez Zapatero ha comenzado su ronda de entrevistas. ¿Con qué objetivos? Componer -que no recomponer- un pacto antiterrorista. Al haberse negado el PP a entrar en esa operación ya que para Mariano Rajoy tan sólo existe la salida del Pacto por las Libertades firmado en su día por los dos grandes partidos, el nuevo acuerdo será una mera continuación de la política anterior al atentado. Sólo que reforzada. La mera composición de la coalición nos arroja luz sobre los contenidos de esas reuniones secretas, más que discretas, en La Moncloa. La presencia de los partidos nacionalistas y más concretamente del PNV y EA nos llevan a la conclusión de que la solución va a pasar por el reconocimiento del derecho de los vascos a decidir sobre su futuro, esto es, por la autodeterminación. Para decirlo gráficamente, se trata de la aproximación del Partido Socialista a un nuevo Pacto de Estella con el acompañamiento del resto de los partidos. De este modo el encaramiento del final del terrorismo va a suponer el abandono de la lucha tradicional contra ETA y el comienzo abierto de las negociaciones a través de unas mesas ad hoc . Como se ve, la estrategia por la paz no va a tener nada que ver con lo vivido hasta la fecha. Esta va a ser la principal consecuencia del atentado de Barajas. Esto, el salto. Y para llevar a cabo ese objetivo era necesito prepararlo en la más absoluta discreción, es decir, en el secreto. Se trata de unas operaciones que deberán estar al abrigo de las críticas del PP y de la ciudadanía que no las comparte. ¿Por qué razón? Porque es evidente que el proceso de paz, que se reanuda ahora, va a tener que caminar con el silencio de una parte del poder judicial y, desde luego, con la entrega total del poder fiscal... Se trata de conseguir la paz con el sacrificio del Estado de Derecho. Estamos, en definitiva, ante unos hechos que podrían ser calificados de revolucionarios en la medida que suponen un vuelco del sistema. En primer lugar el abandono absoluto de información. El imperio de las sombras. La negación del Parlamento. La apuesta no está en los libros. Es verdad que también fue inédita nuestra primera transición, pero el carácter de esta segunda es más arriesgado por ser negativa de fondo: destructiva para la nación.

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