Diario de León
Publicado por
MIGUEL A. VARELA
León

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SE LES LLAMÓ locos; se les llamó apocalípticos enemigos del desarrollo y el bienestar; se dijo que querían devolvernos a la edad de piedra y que eran agentes de no sé qué conspiración criptocomunista... Ahora, como en aquel cuento infantil, el lobo ya está entre nosotros, ocupa portadas en los medios de referencia y se cuela en la dulce mansedumbre de nuestro salón a través de los informativos de televisión. Aunque todavía quedan escépticos que cuestionan el decisivo papel de la influencia humana en el cambio climático, ahora son minoría del excelso grupo tipificado como «de qué se trata, que me opongo». Y lo que el movimiento ecologista venía advirtiendo desde hace décadas ya no es una hipótesis catastrofista de hippies fumados que se habían aprendido de memoria la carta de Seattle, aquel texto preclaro que el jefe indio de los Dwamish le escribió al Gran Jefe Blanco de Washington. Los ecologistas tenían razón. Amarga razón. «El debate científico sobre el cambio climático ha terminado: existe, se hará más extremo y el hombre es el responsable». Así de demoledor resumía ayer un importante periódico nacional el panorama. El debate ha abandonado ya el ámbito ecologista militante, incluso ya no es exclusivo del racionalismo científico. Del cambio climático se habla en las cumbres de jefes de estado, en la asamblea de las Naciones Unidas, en los despachos de la bolsa y de las grandes corporaciones económicas. La catástrofe que se nos viene encima tiene ya un guión que parece cuidadosamente elaborado por alguna de las «majors» de Hollywood y tiene incluso un metódico presupuesto de gastos que asciende a un montante tan alto que nadie puede pagar: nuestra propia supervivencia como especie.

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