LA VELETA
Europa se sonroja
LA ILEGALIDAD de la prisión norteamericana de Guantánamo produce una onda expansiva de sordidez moral que ha alcanzado a varios países europeos, corrompiendo a algunos de sus servicios secretos y aminalando la conciencia de algunos gobernantes. El parlamento de Estrasburgo se ruborizaba al votar el informe de una comisión sobre los más de 1.200 vuelos que la CIA ha realizado a y desde aeropuertos de Europa, con destino final en Guantánamo, y tras haberse aprovisionado, en Alemania, por ejemplo, de prisioneros islamistas para su base en Cuba. Las conclusiones del informe, ligeramente suavizadas, fueron aprobadas por 382 votos contra 256, dividido el voto de los populares. La comisión parlamentaria pasa el relevo a los países de la UE para que sigan investigando el asunto, en el que una parte de la vieja Europa se ha dejado prender en unas maniobras desvergonzadamente clandestinas de la CIA. En el inicio del tercer milenio, y a los dos años del siglo XXI, policías españoles se trasladaron al menos tres veces a Guantánamo para interrogar a una veintena de prisioneros, con la presumible intención de obtener datos sobre las redes del terrorismo islamista en España. Era entonces titular del ministerio de Interior el actual secretario general del PP, Ángel Acebes, quien hasta media tarde de ayer no había reconocido ni desmentido los hechos que alumbraba un diario nacional. Tampoco se habría referido a la cuestión el entonces director general de la policía y ahora diputado europeo, Díaz de Mera. Quien sí habló ayer, y para reconocer la exigüidad de su información al respecto, fue Mariano Rajoy, quien sólo sabe que el Gobierno del que entonces era vicepresidente hizo gestiones para que viniera a España un cidadano español detenido en Guantánamo. Pero con ese desparpajo que proporciona la vocación política, Rajoy lanzó la pelota al tejado del Gobierno actual, afirmando que son los actuales ministros de Interior, Defensa y Asuntos Exteriores quienes deben comparecer ante la opinión pública y contar lo que sepan, pues él, Rajoy, no tiene información sobre lo ocurrido bajo su vicepresidencia. Pero el PP no podía seguir exhibiendo una ignorancia tan rotunda sobre hechos suficientemente documentados. No ha tardado el PSOE en arremeter contra Rajoy, al que descalificaba para solicitar «la confianza al pueblo español» y para ocupar «responsabilidades políticas», porque «no se enteraba de nada de lo que pasaba en su Gobierno». Es posible, sin embargo, que esos viajes policiales a Guantánamo se vayan lentamente olvidando bajo una losa d e objetivos que en nada los habrían justificado, pero que serían útiles ahora para moderar la desfachatez de algunos políticos, por las desvergüenzas que bajo tantas petulancias se ocultan.