EL MIRADOR
Votar y ser palmeros...? No
LOS ANDALUCES han dedicado a su nuevo Estatuto, nacido de una profunda reforma del anterior, un desdén tal vez inmerecido, como si no les entusiasmara que Andalucía se haya plasmado legalmente en una realidad nacional. No puede afirmarse que los andaluces sean más serios, o más identitarios hacia sí mismos, que otros pueblos de España, como los catalanes, los gallegos o los vascos, pues de Despeñaperros para abajo, y después de los romanos, a quienes se anticiparon cartagineses y fenicios, se han estacionado los vándalos, tan bárbaros como los suevos, de los que Rajoy ya no quiere ocuparse, para ir deviniendo sucesivamente en visigodos, derrotados por los árabes desde Marbella a Covadonga, para enhebrar ocho siglos de convivencia muy peculiar entre unas etnias y otras, con el resultado final de la segunda unidad de España, pues la primera fue visigoda, ambas católicas. Los andaluces interpretaron que, en democracia, las urnas están para decidir asuntos importantes -como la reforma política de Suárez o el deseo de no ser una autonomía de segunda-, pero que ir a votar a favor del Estatuto equivaldría a hacer de palmeros en la fiesta estatutaria de los políticos. Con un talante diferente, pero emocionalmente equiparable, se han portado en un par de ocasiones los gallegos. Y en el referéndum de su trabajadísimo Estatut, los catalanes tampoco se han estirado. Cuando una abstención alcanza las cotas mínimas de la andaluza anteayer, los partidos implicados analizan el asunto, y algún portavoz sale inicialmente del trances diciendo que hay que esa actitud del electorado invita a reflexionar. Los