LA VENTANA
Respeto a la democracia
ES POSIBLE que el tristemente célebre De Juana Chaos esté acariciando hoy la idea de comerse unas angulas, sin guindilla de momento, pues las paredes de su estómago tal vez tarden unos días en tolerar alimentación con picante. La huelga de hambre de este asesino etarra, pertenezca actualmente a la banda o se haya escindido de ella, no venía disfrazando ni mucho menos un síndrome de anorexia, por lo que su recuperación, una vez canjeado el plante alimenticio por la satisfacción del hambre, progresará adecuadamente. Y si a medida que De Juana va recobrando su peso normal empieza a echar de menos su frustrada condición de héroe en el santoral filoetarra, podría servirle de consuelo el broncazo político que su situación penitenciaria ha desatado en la esfera política nacional, con el principal partido de la oposición decidido a movilizar a la ciudadanía española contra el Gobierno, por haber concedido a este preso verdaderamente odioso, aunque los cristianos no puedan odiarle por tener el odio prohibido, una prisión muy atenuada y estrictamente sometida a la legislación vigente. Estaba ayer Rajoy en Córdoba, rodeado por los muchachos del PP, cuando anunció un llamamiento a los ciudadanos para que manifiesten su rechazo a la actual situación del preso De Juana. Parecía que este asesino que ya había purgado penalmente sus veinticinco asesinatos y cumplía y cumple ahora una condena de tres años por amenazas, se les había escapado como baza electoral de las manos a los estrategas populares. Pero el pulso que De Juana había echado al Estado de derecho, y muy directamente al Gobierno socialista, se ha saldado con división de opiniones, pues si en todo el proceso de modificación del régimen penitenciario del preso se ha respetado escrupulosamente la ley, y la magnanimidad que el espíritu de la ley se inyecta a sí misma, al margen de esa escrupulosidad jurídica denuncia el PP, y sus órganos sociales y mediáticos, una rendición del Estado, expresada con total olvido de los antecedentes durante los mandatos de Aznar y comparaciones nada decorosas entre esta prisión atenuada y el 'putsch' tragicómico de Tejero hace veintiséis años. Lo peor es que las fotografías de la calle empiezan a reflejar lo que hasta ahora quedaba reducido al ámbito de la confrontación parlamentaria y mediática, y ya se ven banderas falangistas -¿de qué nos querrán liberar ahora esos neonazis mesetarios?- y otras con la gallina de perfil, propia del franquismo y gracias a que en Burgos, y a finales de 1936, un historiador venturosamente indemne de la quema nacional advirtió a la autoridad, militar por supuesto, de que el águila de dos cabezas que pensaban estampar en la nueva bandera española pertenecía a otra guerra y a otras historias. No va a repetirse tres siglos después un enfrentamiento cruento entre españoles, por razones obvias, pero nos agradaría a un sin fin de españoles que en las batallas políticas se destrozara ahora parte o mucho de nuestro sistema constitucional, porque resultaría penoso vivir entre escombros institucionales, con el odio brotando entre los restos de una democracia que dejamos deteriorarse o conseguimos deteriorar.