EN POCAS PALABRAS
No hay razón
DESDE 2003, ETA ha reducido a mínimos su actividad terrorista -con la gravísima excepción del atentado de la T-4 de Barajas- y sin embargo, desde que fue manifiesto que el terrorismo vasco no tuvo nada que ver con la tragedia del 11-M, ETA se ha convertido en el centro de la vida política, en el argumento permanente de la oposición para acusar al Gobierno, con razón o sin ella, de connivencia con la banda armada y con sus postulados ideológicos disolventes y antidemocráticos. Si no fuera patente que lo que está en juego es el poder y no el país, parecería que nos hemos vuelto todos locos. Y en cualquier caso, conviene comenzar a explicar que no es legítimo arrastrar a los ciudadanos hacia pozos de crispación y enemistad con argumentos falaces, que no buscan la felicidad de todos sino el triunfo a toda costa de una opción política determinada que representa a uno s concretos intereses. No hay razón, en fin, para que hayamos de seguir por este camino. Y es preciso enfatizarlo cada vez más para que quienes siembran la discordia no crean que su desviación interesada quedará impune. El día en que la opinión pú-blica se perc ate también de este engaño, estarán acabados.