Diario de León
Publicado por
FEDERICO ABASCAL
León

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NO ES frecuente ver una concentración de diputados ante la fachada principal del Congreso, a un lado de la escalinata que vigilan los leones de bronce. Todos los grupos parlamentarios deseaban expresar su rechazo a la guerra de Irak con la excepción del PP, que la apoyó desde el principio, aunque ahora algunos populares o asimilados se apresuren a descolgarse o a recordar que en su momento ya se habían descolgado de la disciplina del partido. Todo se debería a que, ante la inminencia de elecciones, hay quien desearía presentar un certificado de pureza de sangre, como si el haber querido salir del rincón de la Historia saltando por encima del Derecho de Gentes fuera una impureza en el azul de las venas políticas. Para enumerar los errores de la invasión de Irak, y el alcance de sus consecuencias, no era necesaria la acongojante conmemoración de su cuarto aniversario, pero ese tiempo transcurrido desde que el tándem Bush y Blair se puso en marcha, con el decidido apoyo de nuestro conciudadano Aznar y otros líderes europeos de mediano calibre, para liquidar el régimen perverso de Sadam Huseín ofrecen una perspectiva suficientemente despejada para que un alto porcentaje de la ciudadanía estadounidense, británica y, por supuesto, española lamente que algunos estadistas o pseudoestadistas puedan conducirse al margen y en contra del Derecho Internacional. Pero esos máximos responsables de esta conflagración de mortandad duradera sólo viven en el presente, y estando Bush en Washington y Blair en Londres como Aznar en Australia consideran que la terapia del presente iraquí es más importante que el llanto por las mentiras que alimentaron el desencadenamiento de esta tragedia Insistía ayer el diputado popular Ignacio Astarloa en que, después de cuatro años, no tiene sentido controlar a la oposición, ya que es apremiante controlar al Gobierno sobre los problemas de Afganistán y el Líbano, por lo que el Congreso debe obligar a que el Ministerio de Defensa informe mensualmente a la cámara de la situación de nuestros soldados en esos dos focos de alta tensión bélica. Y Astarloa tiene razón en parte, pues el Gobierno debe informar de todo lo que afecte a nuestro ejército y a nuestra posición internacional, lo que por otra parte viene haciendo, pero carece de razón al negar el derecho a que se pida al menos el ejercicio de una suave autocrítica a quien, durante los cuatro últimos años de tragedia iraquí, no ha dejado de sonreír, mostrando gran benevolencia hacia sí mismo, incluso al decir recientemente que si hubiera sido más listo a lo mejor no hubiera creído en las armas iraquíes de destrucción masiva. Aznar asegura desde Australia que el 11-M pretendía un cambio de Gobierno en España, y la tenacidad de esa opinión tal vez alimente la esperanza de quienes vienen sintiéndose despojados por el 14-M del poder que les garantizaban los sondeos, pero al mismo tiempo impide que se pase página al patrocinio español de la invasión de Irak, porque es difícil no relacionar un hecho con el otro, aunque se hagan esfuerzos para convencer de que el radicalismo islamista se siente menos ofendido por la tragedia iraquí que por haber perdido Al Andalus, territorio a reconquistar.

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