EL RINCÓN
Unos treinta kilos
HA DADO MUCHO juego la ignorancia callejera del señor presidente sobre el precio del café, pero lo más grave es que no sepa lo que vale un peine. Los secuestrados en la Moncloa se inhiben del mundo y reducen todo a gráficos y estadísticas. Más de uno ha arruinado una prometedora carrera política por un inoportuno lumbago. Lo primero que tiene que superar un mandatario político es su alejamiento sobre los mandados, ya que si los pierde de vista puede perder muchos votos. Interrogatorios como al que ha sido sometido nuestro vacuo presidente demuestran que el mando entendido como distancia y no como sentimiento, ejerce siempre una función de campana neumática, lo que explica que acaben todos un poco sonados. Estos frívolos ejercicios, que si bien no repercuten en la opinión pública, determinan el voto electoral, influyen notoriamente en eso que llaman índices de audiencia. Además, nos permiten olvidar temas fundamentales. ¿Quién habla de que ETA tenía un comando listo para atentar antes de las elecciones municipales y que había preparados 30 kilos de explosivos para bombas lapa? La Guardia Civil ha evitado un buen número de huérfanos, pero eso al parecer importa menos que la desconexión del presidente con la realidad diaria. Por otra parte, la pregunta que ha otorgado una efímera notoriedad al señor que la formuló no es más que un plagio de la que le hicieron a Giscard al decirle que cuánto valía un billete de metro en París. Tampoco lo sabía, y no acertó el precio justo. Los mandatarios se convierten en extraterrestres y por lo tanto no hay que reprocharles que no tengan los pies en el suelo. Lo que hay que lamentar es que los usen más que la cabeza.