EL OJO PÚBLICO
¿Tregua? ¿Qué tregua?
LAS NOTICIAS van a tal velocidad, que decrece el interés por ordenarlas para obtener las oportunas conclusiones. Y, sin embargo, analizar la realidad -que es algo muy distinto a limitarse a comentarla- exige poner en conexión lo de esta semana, y este mes, con lo de las semanas y los meses precedentes. Este ejercicio de reconstrucción histórica inmediata resulta, por ejemplo, indispensable para entender lo sucedido desde que ETA declaró aquel «alto el fuego permanente» que, según sus más obstinados exegetas, daría lugar al final del terrorismo. Hoy es ya obvio, por desgracia, que las cosas no han ocurrido de ese modo, aunque no lo es tanto, sin embargo, por qué estamos donde estamos. Y así, la costumbre, tan extendida como necia, de no relacionar nada con nada podría llevarnos a la falsa conclusión de que hubo un día en que ETA decidió poner fin al terrorismo y que, por diferentes causas, esa voluntad etarra se frustró. No es siquiera necesario estar de acuerdo sobre los motivos -o los eventuales responsables- de esa frustración para seguir sosteniendo, por pura inercia, que existió ta l voluntad y que fue esa circunstancia la que justificó el llamado proceso de paz del que durante meses ha vivido pendiente este país. Pero, claro, la pereza es engañosa. Tanto, que bastaba analizar con pulcritud lo que iba ocurriendo tras la tregua para ver que aquélla era en realidad un cese de los atentados con víctimas mortales que no impedía a ETA seguir poniendo a punto su infraestructura criminal. Hoy lo sabemos sin ningún género de dudas. Nunca se dieron, por lo tanto, las condiciones fijadas por el Congreso para autorizar un final negociado del terrorismo -el cese de todas las actividades de la banda- por más que el Gobierno, llevado por su firme decisión de ver lo que quería, constatara en su día un parón total que no existió. Ni nunca se produjo el hecho decisivo que, según los defensores de la negociación, justificaba tal intento: la asunción por ETA de que sólo podía aspirar a negociar paz (es decir, cese de los crímenes) por presos. Aunque muchos rezonguen todavía y se nieguen a ver las cosas como son, todo fue en realidad un espejismo fruto de una mezcla de engaño de ETA y autoengaño del Gobierno: que ETA dejaría por las buenas el terror sin obtener a cambio aquello por lo que ha matado a cientos de personas. Nunca hubo tal. ETA sólo estaba dispuesta a lo que ya lo ha estado en el pasado: a obtener a cambio del cese de los crímenes lo que ha intentado conseguir mediante ellos. Con el atentado de Barajas decidió volver de nuevo a su plan A. A de asesinatos, por supuesto .