LA VELETA
Terminales de Al Qaida
LA GLOBALIZACIÓN de Al Qaida extiende sin cesar sus ramificaciones tentaculares en todos los continentes, hasta el punto de que algunos lo creerían un mito sino fuera porque su constatación sanguinaria es implacable. Llevaba un tiempo relativo sin atentar -al menos, fuera de Irak- hasta que lanzó sus bombas humanas en Marruecos y Argelia. En toda Europa las alarmas son de la máxima intensidad: hay hipótesis sobre un ataque en el París electoral o en la Roma del Papa Ratzinger, mientras los servicios de seguridad y de inteligencia escrutan las sombras las veinticuatro horas del día, contrarrestando avances de la organización de Bin Laden y atajando conexiones entre las diversas tramas del islamismo radical. Europa no había tenido tanta ocasión para el miedo desde que la guerra fría estuvo a punto de generar una conflagración termonuclear. Para España, la situación es álgida, con ETA dispuesta a atentar cuando le plazca y con el riesgo de las redes del islamismo fundamentalista que hayan sobrevivido a las numerosas detenciones y a las pesquisas referidas al 11-M. También están en Afganistán, hostigando constantemente una fuerza multinacional que a duras penas controla más allá de Kabul, del mismo modo que acecha en Pakistán a la espera de que, de caer el régimen actual, el islamismo gane un territorio fundamental. Todo se engloba en la idea del gran califato que devolverá al islamismo lo que le hurtó la civilización occidental. De ahí la configuración de una plataforma de Al Qaida en el Magreb, buscando la interconexión entre sus terminales en Marruecos, Túnez y Argelia, con España al otro lado del Estrecho y con la conocida porosidad de la fronteras norteafricanas. Desde que Al Qaida se dio a conocer mundialmente con el atentado contra las Torres Gemelas de Manhattan, se supone que ya ha logrado infiltrar y controlar una parte fundamental de las organizaciones del radicalismo islamista. Para el atentado de Londres, contó con ejecutores que son inmigrantes de segunda generación, algunos de ellos educados en universidades británicas. En España, los acusados de preparar y ejecutar el 11-M generalmente llevaban un tiempo viviendo en España, hasta cierto grado de integración social y familiar. En todas estas situaciones se ha podido constatar hasta qué punto los miembros de Al Qaida asumen la técnica del terrorismo suicida por haber sido intensamente mentalizados en la atroz cultura del martirio. Siempre es un martirio que busca causar el máximo daño a Occidente como obstáculo primordial a la constitución del nuevo califato y al modo de vida puramente coránico que eso representaría. La magnitud de tal delirio es lo que a veces lleva ingenuamente a pensar que es muy minoritario y transitorio.