NUBES Y CLAROS
Pánico al pinchazo
ES CURIOSO cómo se suceden a veces las cosas. Hace no tanto leía en una revista económica el talentoso caso de Enrique Bañuelos, el joven empresario que había construido toda la ingeniería de una empresa (Astroc) con habilidad y contactos, talento y «un modelo único de negocio». De la nada a las nubes, en un camino trazado con listeza y la confianza de sus inversores. Sin mucho bien palpable sobre el que cimentar el despegue. No se ha secado aún la tinta y el caso Astroc tiene visos de convertirse en un ejemplo más de ascenso meteórico y descenso a plomo. Y, como suele ocurrir, amenaza con llevarse consigo a un sector cuya caída llevan anunciando y esperando hace tiempo los más agoreros. El caso Astroc ha desatado el pánico y pone los ladrillos a la altura de la nuez al sector inmobiliario, asentado cómodamente en su burbuja desde hace tanto tiempo que llegamos a pensar que es más probable el aterrizaje suave que un pinchazo más anunciado que el lobo del pastor mentiroso. Alarma entre los inversores, porque el dinero es miedoso; pero que no debe extenderse a quienes tienen en el ladrillo su patrimonio. Por más que se empeñen algunos, los precios de la vivienda no se desplomarán. Serán como los resultados de la gran banca en tiempos de «crisis»: ganarán menos, lo que no implica que pierdan. Al inversor le llega la hora de la serenidad. Utilizar la cabeza (si puede ser, la de un asesor financiero de confianza) y no ceder al pánico de caídas y ventas, que suele ser al final ganancia de pescadores de río revuelto. La sapiencia popular aplica la ley de la gravedad al socorrido «todo lo que sube, baja». La misma dinámica que siguen los ciclos económicos. Pero de ahí a hablar de crisis hay un trecho. El miedo no debe precipitar acontecimientos.