EL RINCÓN
Protesta bajo la lluvia
LA VERDAD es que cuando el tiempo no acompaña disminuye mucho el número de descontentos. Las nieves de antaño están aquí y las lluvias no suceden en el pasado, sino ahora mismo, y ponen perdidas a las pancartas y a las banderas sin tener en cuenta ni lo que digan ni el color que tengan. Se aguó la fiesta del Uno de Mayo, Día del Trabajador, y en la madrileña plaza del Dos de Mayo tuvieron que trabajar duramente los policías. Jóvenes noctámbulos y alegres, partidarios del 'botellón', asumieron el papel de mamelucos y hubo palos para un sombrajo, aunque no tantos como los que se repartieron en Alemania, yendo mas lejos. Aquí sólo resultaron heridos nueve agentes y no se detuvo más que diez muchachos y en Alemania, que vuelve a ser «la locomotora de Europa», el balance de detenidos sobrepasó el centenar y el de policías descalabrados duplicó al nuestro. Esas desigualdades dificultan aún mas la real unión del continente. Se quejan algunos de la politización del Primero de Mayo, pero la que de verdad tiene motivos para lamentarse es la Cibeles. La sufrida diosa, que según Gómez de la Serna es Isabel la Católica volviendo de América, se llenó de banderas y de alpinistas urbanos. La pobre está acostumbrada a todo: unas veces son los hinchas eufóricos y otras los disgustados por la política de empleo. En la guerra civil se llamó «la linda tapada». Estaba protegida por sacos de arena, de tal modo que ni los madrileños podían verla ni ella podía ver a los madrileños, pero desde entonces ha presenciado muchas cosas, junto a los mal llamados reyes de la selva. El verdadero rey de la selva es el elefante. Tiene una piel de sequía y es como un cerro andante. Además en cuanto a memoria histórica no le gana nadie. Ni siquiera los políticos que aspiran a vivir evocando a aquellos muertos.