HISTORIAS DEL REINO
Por un puñado de dólares
EL PASADO martes, en hora de máxima audiencia, un canal nacional nos ofreció el cacumen de un descerebrado cineasta bajo el título de «La tumba perdida de Jesús». El organismo unineuronal se llama Simcha Jacobovici y ya se había consagrado con un documental previo sobre el Éxodo en el que localizaba a Moisés en la quinta puñeta, las plagas de Egipto en varias dinastías separadas siglos entre ellas y convertía a los griegos micénicos en la tribu perdida de Israel. En el exilio, eso sí. Allá por el 2003 este gran intelectual viajó a Jerusalem para realizar averiguaciones sobre una falsificación arqueológica: el osario de Santiago hijo de José, a quien un listillo del siglo XX añadió «hermano de Jesús», después de fregar la piedra con un estropajo que dejó rastros y trazar las letras hebreas con tan poca finura que hasta el más zoquete advierte que dos son las manos que intervinieron en esa inscripción. El amigo Jacobovici quiso obtener más punta del lápiz del escándalo cuando supo que, en 1980, mientras se construían unos apartamentos en el distrito de Talpiot, habían aparecido diversas tumbas del s. I d. C. En una de ellas, excavada por Amos Kloner, se hallaron diez osarios, seis de ellos con epitafio: Jesús hijo de José, María, José, Matia, Mariamne e Mara, Judas hijo de Jesús. El arqueólogo descubridor consideró que se trataba de nombres muy comunes hace dos mil años y que aquellos difuntos procedían todos de Jerusalem, pues la costumbre judía de aquel entonces obligaba a los foráneos a identificarse por el lugar de origen: Simón de Cirene, Pablo de Tarso, Jesús de Nazareth, María de Magdala. Por si no bastase para darle carpetazo al hallazgo rutinario, por las mismas décadas aparecieron otros tres osarios con sendas inscripciones a otro trío de «Jesús hijo de José», y se calculó que al menos veinte familias del s. I en Jerusalem tenían un Jesús hijo de José entre la parentela. Vamos, como nosotros hoy un primo Pepe, Manolo o una tía de nombre Mari. Así fue hasta que llegó Jacobovici y lo puso todo en la turbo mix de la máquina de hacer dinero. Convirtió la tumba de Mariamne e mara, literalmente «María y Marta», en la de una Mariamne que era la forma en la que los coleguis llamaban a María Magdalena, a ésta en esposa de Jesús hijo de José, y a Judas en prole de ambos. A costa de estas falacias, el chico se ha forrado a ganar pasta. Basta ya. Cerremos para siempre esta bolsa de basura con varios atados: ¿por qué no realizó la prueba de ADN de Judas y la comparó con la de Mariamne? ¿Tal vez porque uno no puede tener dos madres o tal vez ninguna lo fuera del tal Judas con lo que su historia se caía? ¿Por qué no cita los otros tres osarios coetáneos con inscripción «Jesús hijo de José»? ¿Por qué afirma que el de Jacobo hijo de José pertenece a Talpiot cuando él sabe que fue descubierto dos años antes de excavarse la tumba? ¿Por qué los restos del tal Jesús no muestran huellas de crucifixión como sí ocurre en otros ejecutados por Roma? Y a todo esto: ¿se atrevería Jacobovici a filmar otro documental parecido sobre la familia del profeta de los musulmanes? Me parece que no.