Diario de León
Publicado por
VALENTÍ PUIG
León

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L A POLÍTICA y el periodismo se dirigen convencionalmente a sus públicos hipotéticos sin darse cuenta que algunos ya transitan la mayoría del tiempo por el ciberespacio. Hemos instalado la sala de estar en Internet, entre dos clics. Sin darnos cuenta, no pocos siguen las pautas del Manifiesto Ciberpunk de hace unos años: nadan en el océano de la información, entre impresoras humeantes y modems que pitan, hijos de una nueva era y de una nueva cultura, individualistas en la red sin barreras ni límites de información. Ese mundo virtual que hace su big bang en Internet en realidad ya ha roto las fronteras entre lo real y la virtualidad. En Second Life las cosas ya son casi reales -por un efecto asombroso-de apariencia más real que la realidad, o al menos la completan y acaban de configurar. Lo vemos en progresión espectacular en el mundo virtual que se hace posible en las pantallas del cine, desde los paisajes de El señor de los anillos a la batalla de Iwo Jima. Es reciente la reconstrucción virtual de la antigua Roma como todos sus avatares arquitectónicos. Más allá de donde llegamos hoy con un movimiento del ratón de nuestro procesador en breve tiempo ingresaremos en un mundo plenamente interactivo, además de tener al alcance inmediato fuentes ilimitadas de información. Dice Businessweek que el Internet de un futuro no muy lejano será una ventana a una vida virtual mucho más rica y variada, el lugar de las aventuras ciberespaciales, como los grandes juegos «on line» o las economías virtuales. Fenómenos como la Wilkipedia son sólo un atisbo de lo que viene. Trasladaremos parte de la actividad social a la estrategia on line. Éxitos fulminantes de Youtube -el gran portal de videos- acogen cada día a cientos de miles de visitantes. Fue el caso del video sobre la rueda de prensa en la que a Sarkozy se le fue un poco el control. No es una característica menor de todo este proceso que se vaya universalizando día a día, de modo que desde cualquier lugar del mundo siempre hay alguien que accede a la ciber-realidad. Los accesos se simplifican y el software de cada vez está al alcance de más individuos. En el salón de la World Wide Web cabemos todos. El mismo fluido informático transporta la financiación del terrorismo o la abundancia de pederastas on line. El bien y el mal, amalgamados en la microscópica magnitud del chip. Para algunos, Internet es la hora de jugar al ajedrez desde Talavera con un desconocido de Singapur. Para otros es una inmensa enciclopedia. Compramos libros y vinos por Internet. Otros buscan la novia perfecta en los ámbitos de chateo. Hay de todo para todos, y en progresión infinita. La industria digital cotiza en lo más alto.

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