HISTORIAS DEL REINO
¿Centrifuga o no centrifuga?
¡POR FIN!, pensó para sus adentros el de la UPL cuando el toril metálico abrió sus fauces después de veinte interminables minutos encerrado en asamblea con Castresana. Joaquín dejó de aporrear el ascensor que les había mantenido cautivos, no sin antes considerar la posibilidad de que aquella encerrona fuera debida a algún tipo de triquiñuela para evitar su presencia en el nuevo parlamento autonómico, que no regional, ése que, de encontrarnos en cualquier otro lugar del mundo, se hubiera asentado en León, cuna de las primeras cortes de Europa en las que se escuchó la voz de los ciudadanos. Y es que aquel perverso ingenio, castellano sin duda, de Valladolid por más señas, casi a ciencia cierta de Boecillo mismo y, si me apuras, sin duda patrocinada la empresa fabricante por la Junta de Castillileón, ese diabólico artefacto ruín había conseguido lo que nadie más: dejar a León solo. Y de qué manera, porque más solos que entonces, aislados del cercano pulgerío político, nunca se encontraron. Aquello era contumelioso, odioso, afrentoso y novedoso. Ya le diría tres o cuatro cosillas al de Burgos, al de incipiente -o no tan incipiente- calvicie que en León reconocía abiertamente que nuestro territorio no estaba todo lo bien que debiera. Cuando entraron ambos procuradores a dos, Villalba ya le había soltado cuatro frescas al castellano: que si la «cuestión leonesa» nace y pace por culpa del abandono real de más de dos décadas, que si la gente se larga por la falta de empleo e ilusión, que los leoneses no nos quejamos de vicio. Jamás en otro debate de investidura se había mentado tanto al felino como en aquél, que si contamos las ocasiones que rugió por labios ajenos, pareciera que teníamos al gato melenudo atado a la pata de la silla de Fernández de Santiago. Hinchóse el pecho de Otero, subióse al altozano del parladoiro político, tomó aire¿y centrifugó. Después de pedir perdón por el retraso, optó por la perífrasis y, en medio de la circunlocución, comparó la comunidad con una lavadora, que ya es echarle. Explicó la singular relación que nos une a manera de centrífugo que aleja, cuando en realidad lo que el chico quería aclarar era que Pucela, paño atrapatodo de todos los polvos del dinerín, es centrípeta. Entre aquel rodeo digno de Gila y la alusión a que, después de su intervención, el grupo que representaba decidiría en asamblea votar o no al de Burgos, los periodistas afilaron el lápiz. Que dos son compañía, pero no multitud ni asamblea, por mucho que Castresana gesticulase en el sitial, resulta evidente, como también que Joaquín entiende de lavadoras lo que menda de algoritmos neperianos. Quede así la anécdota. Resta el fondo de la cuestión, porque seguimos a la cola de todos los parámetros económicos, la Junta nos paraliza las obras de ampliación del aeropuerto so excusa de un papelín y, salvo que confiemos en los mejores y no en los amiguitos que se quedan fuera del juego político, pronto se estudiará la cuestión leonesa a través del análisis epigráfico de los datos que aporten las tumbas de sus indígenas. Se lo dice una historiadora, que de muertos reales sabe un poco.