Diario de León
Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Una hija diabética Soy madre de una niña diabética de 7 años, diagnosticada en Semana Santa. Además de madre soy enfermera. En mi trabajo muchas compañeras tiene una hora de reducción de jornada para cuidar a un familiar con una minusvalía del 33%. Es decir una tiene esa reducción para cuidar a su esposo que es tuerto (no necesita ningún cuidado especial) Otra por su suegro que vive en el pueblo y no le ve nada más que cada 15 días. Pero, por ley, en la administración pública, hay derecho a la reducción de la jornada laboral, con un familiar que tenga una minusvalía igual o superior al 33%. A los niños con diabetes no les dan la minusvalía. Mi hija hay que pincharla en sus deditos 7 veces al día, ponerla insulina de 1 a 4 veces, además de un estricto control de comidas. Mi pregunta es: ¿No necesito yo más esa reducción , por los cuidados que necesita mi hija y por su edad?. Solicité esa reducción al gerente del hospital de león y me lo denegó por no tener la minusvalía. Solamente quería esa reducción hasta que mi hija sea algo mayor y se realice ella sus autocontroles. Ahora sabe hacérselos, pero no sabe diferenciar que hora es, no puede seguir el horario sin conocer las horas. Mi hija necesita un montón de cuidados especiales. Mi protesta sería: o que a los diabéticos se les considere una cierta minusvalía o que en la administración se valore los cuidados de los familiares por los que se da una reducción de jornada. Aránzazu Paniagua (León). La casa del cura de Villameca Antes que nada, y porque se vea la buena crianza q ue mis mayores me dieron, diré aquí de dónde soy y a qué respondo. Yo soy de rural condición, nacido en Villameca, la del pantano, y llevo por nombre el de Carlos, que así me puso mi madre. Aquí en el pueblo, hago vida sin meterme en la de otros y venga esta carta a ser desagradable excepción, que a mí bástame con lo que tengo sin cartearme con nadie ni dar recomendación de lo que hace o no hace. Hecha esta premisa y advertidos los que leen, daré cuenta del asunto que provoca la mudanza de mi normal proceder escribiendo esta misiva. Habiendo escasez de curas, es de suyo natural que no haya uno en cada pueblo, como era antigua costumbre. El que aquí pastoreaba ya se marchó hace años, pero dejó aquí la casa y es cosa de mucha lástima lo que con ella ha hecho el tiempo y la falta de vergüenza. La que fue casa del cura y del alma que lo asiste, donde halló amparo y cobijo por popular donación, es ahora ruina y vergüenza, vertedero ocasional, huerta de malas hierbas, a la sazón cagadero, peligroso caserón para los más pequeñuelos, ejemplo, muestra y botón de la incuria y el desgobierno de los que, mirando por la pureza de otros, descuidan la suya propia. Por eso, a quién corresponda, sea obispo, cura o fraile, pido: como gobierna usted su casa y despacho, así dígnese de hacerlo con sus otras propiedades o viceversa. Hágame saber si fuese a la viceversa, que de muy buen grado le llevaré yo mismo a su despacho las basuras y malezas que, lindando con mi casa, tiene usted aquí olvidadas. Haya salud y suerte. Carlos Suárez Felipe (Villameca).

tracking