Madres lesbianas
La violencia se aprende En España se producen diariamente más de 300 sucesos violentos en los hogares. La prensa diaria nos informa sobre la muerte de una niña de corta edad por maltrato familiar, sobre esa mujer desesperada que decidió finalizar su guerra particular arrojándose por la ventana de un décimo piso ante el asombro de sus vecinos, o esos hermanos que deciden preparar angustiosamente un final trágico a su padre después de mil y una denuncias por agresiones. Desde que el ser humano tiene conciencia de ser, ha hecho uso de la violencia. Se ha violentado y ha violentado. Ha ejercido el poder, el control del otro a través de la fuerza física, económica y técnica. También se ha utilizado la persuasión, el control psicológico para manejar o manipular según su conveniencia a sus iguales. La violencia ha estado desde siempre en la historia de la humanidad. Pero esto no quiere decir que sea connatural al hombre, a la mujer, al niño. La violencia no es un instinto, no es un reflejo ni tampoco una conducta necesaria para la supervivencia. La violencia se aprende. Se aprende observando cómo los padres, los hermanos mayores o los vecinos se relacionan. Se aprende viendo televisión, leyendo determinados dibujos animados o novelas. También se aprende jugando. Y este aprendizaje no ocurre solamente en las últimas décadas. Ha ocurrido siempre aunque quizá no con la virulencia con la que se presenta en estos últimos años. No voy a enumerar aquí las cifras de homicidios y asesinatos, de abusos a menores y palizas a jóvenes en el barrio, tampoco el número de mujeres maltratadas, porque tales cifras son artificiales, mínimas y lejanas de la realidad ya que la mayor parte de los actos violentos no se denuncian. Aunque la violencia entre las personas ha sido justificada con todo tipo de teorías y razonamientos (biológicos, psicológicos, sociales, económicos, culturales), se insiste en que todos nacemos con capacidad para la compasión, la abnegación, la generosidad, la empatía. Son los factores ambientales, junto con las características propias de cada individuo, los que configuran nuestras actitudes. Así pues, si al niño se le enseña a ser generoso, a pensar en los demás, a comprender, a respetar, a ser más tolerante, desarrollará actitudes positivas y le resultará imposible maltratar a los demás. Aunque están suficientemente claro los derechos que tienen los niños, también hay que tener en cuenta que de poco vale tener unos derechos reconocidos mundialmente cuando, de hecho, los menores carecen de capacidad real para ejercerlos y no tienen más remedio que confiar en sus mayores, en sus educadores, y en última instancia, en las instituciones. Cuando en el núcleo familiar -y, fundamentalmente, por parte de los padres- no existe el debido respeto a los menores, una gran mayoría de los derechos del niño se verán vulnerados. Todo lo que reciban los niños, todo lo que aprendan de nuestras actitudes ante la sociedad y de quienes les rodean, y, sobre todo, el trato que reciban, principalmente por parte de sus padres y educadores, va a perfilar su desarrollo como individuos: sus valores éticos y morales, su autonomía personal, su capacidad para relacionarse con sus semejantes, su facilidad para afrontar y resolver las situaciones que irán encontrando en las diferentes etapas de su vida. No basta con desear o creer que se ama a un hijo. Lo fundamental es hacerlo de forma que éste tenga efectivamente la sensación de ser querido, de ser comprendido, de que él es importante. Francisco Arias (Madrid). Contenedores en el Parque de San Isidro Somos varias las familias que hacemos uso de este parque, por ser cercano a nuestros domicilios, y también por ser un lugar donde apaciguamos nuestros calores en las tardes de gran parte del año. La Diputación Provincial intenta h acer algunas cosas cada año, pocas pues me parece que no dispone de mucho personal para ello. Hay zonas del parque a estas alturas todavía sin segar hacia el final, con el consiguiente peligro. Los accesos por los caminos, en los que hay unos maderos atravesados para que los coches disminuyan la velocidad, es algo que desde luego se nota la dejadez, pues al pasar puedes dejar parte del coche, aunque extremes la precaución. Pero lo que más daño hace es el sitio donde han colocado contenedores para depositar la basura, los han colocado en uno de los sitios donde más se acumulan los usuarios, quitando sitio que ya algunas veces escasea, pero que con la llegada del verano y los fuertes calores, despiden un fuerte olor que en varios metros, no hay quien lo resista. Como sugerencia, le diré que a la entrada del Parque existe una porción de terreno donde los camiones encargados de recoger los contenedores lo tienen mucho más fácil, no transitando por el interior del Parque y además donde los citados efluvios producidos por la acumulación de basura, no se notarían. Por este medio que se pone a disposición de los lectores me gustaría que la diputada correspondiente, se entere, y visite este parque, verdadero pulmón que poco a poco se deteriora. Muchas gracias. Venancio Álvarez López (León). Clara Jiménez Durán (Murcia)