Diario de León
Publicado por
CÉSAR A. DE LOS RÍOS
León

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LA AUSENCIA de Zapatero en la reunión de la Ejecutiva Federal en la que debería decidirse la composición del gobierno de Navarra es un dato revelador del papel que aquél se reserva como presidente. Es claro que ha querido mantener una reserva formal en la batalla que se ha abierto con el PSN a pesar de su gravedad para, de este modo, evitar las salpicaduras propias de las tensiones partidarias y quedar con las manos libres en el caso de que un día tenga que hacer correcciones. Porque, en realidad, las ganas de Zapatero eran las de seguir la corriente más fuerte en el partido socialista navarro que va en el sentido de la colaboración con Nafarroa Bai. Es claro que el conflicto navarro se deriva de los compromisos que el PSOE contrajo en las negociaciones con ETA y que, interrumpidas temporalmente, el 'proceso de paz' ha quedado a la espera de resolución: como una reivindicación para los independentistas y como una amenaza para los defensores de la unidad de España. Porque de lo que se trata es, ni más ni menos, que de la anexión de Navarra al País Vasco, esto es, de la formalización de Euskal Herria como nación. Como digo, la solución pensada para el gobierno de Navarra estaba en función del éxito del 'proceso de paz' en esta legislatura. El mantenimiento del alto el fuego terminaría por justificar no sólo el hecho mismo de las negociaciones con los terroristas sino medidas tan arriesgadas como la legalización de ETA a través de Acción Nacionalista Vasca. ¿Se ha venido abajo la estrategia de Zapatero en relación con la incorporación de los independentistas a través de una fórmula que responda a los criterios de la autodeterminación? Es claro que no. No ha habido una rectificación global a la política que puso en marcha el presidente Zapatero desde el comienzo. Tan sólo ha habido, como digo, una interrupción que condiciona en buena medida la campaña de las elecciones legislativas próximas. En estas circunstancias, el Partido Socialista no podría vender bien un gobierno formado por Na Bai y los socialistas que habría dado la presidencia a Puras. La ausencia de Zapatero de la reunión que mantuvieron el viernes la Ejecutiva Federal y los dirigentes del PSN está en la línea de dejar en suspenso los compromisos que se habían ido formalizando entre Batasuna/ETA y el PSOE. Se ha dejado a José Blanco para la tarea sucia, propia de los ajustes de cuenta partidarios. Rodríguez Zapatero no juega en el campo de las presiones y las dimisiones. Porque quizá algún día el actual presidente pueda conceder a los socialistas navarros lo que ahora no puede dar personalmente. En definitiva, Zapatero no ha dado por fracasado el «proceso de paz» ni, por la misma razón, ha dicho su última palabra sobre Navarra. Su único objetivo en estos momentos es hacer la política que le permita ganar su segunda legislatura. En nombre del denominado «proceso de paz» tenía que frenar las ambiciones de Puras y sus compañeros navarros... y el mal trago debería corresponderle a Blanco.

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