LA BRÚJULA
Una voz para Gallardón
¡VAYA CON EL ESTANQUE del PP! Cuando todo el mundo estaba celebrando que los vientos parecen soplar a favor de las huestes de don Mariano Rajoy (se preparan comparecencias en el Congreso de los Diputados, crece la suma de calamidades que están asolando Cataluña-tal vez como castigo del Estatut de nunca acabar-; además, la oposición ha encontrado en Maleni, es decir, Magdalena Álvarez un filón para hurgar en el PSOE que se asemeja a situaciones únicas del océano Aznar-Rajoy), viene el alcalde de Madrid, Alberto Ruíz-Gallardón y desenfunda el Colt 45. De nuevo, ha aparecido el alcalde de la villa y corte, investido de una extraordinaria mayoría, y expresa su deseo, su dote de hombre que necesita entrar en el juego de la política consiguiendo el acta de diputado para «ayudar a Mariano Rajoy en el ascenso a la Moncloa después de las elecciones Generales del próximo año». Las reacciones han sido de todo tipo, menos para llamarle bonito a Alberto Ruiz-Gallardón. La pizpireta presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre Gil de Biedma, resulta perjudicada con el hecho porque, según la legislación vigente, un alcalde/sa puede ser diputado, pero el presidente/a de una comunidad autónoma, desde luego que no. Hoy no creemos que Esperanza Aguirre pueda solventar el nuevo gallardonazo diciendo «son cosas de Alberto». La cosa está mucho más complicada: Ruiz-Gallardón se ofrece hasta el límite y nadie sabe qué hacer con Rodrigo Rato. Muchas veces descuidamos factores tan importantes como es contar con la influencia del padre político, o sea, en este caso, el que fue ministro del Movimiento (el último) del llamado régimen anterior. Para mi constituye, o ha de constituir, un ejemplo diario el ex ministro José Utrera Molina, porque nadie ignora que fue el redactor del importante libro Sin cambiar de bandera . En los tiempos que corren, la fidelidad a unos principios (recuerden la frase de Groucho Marx: «Estos son mis principios; si no les gustan tengo otros») es esencial. Yo quiero creer en la indudable fidelidad de Alberto Ruiz-Gallardón, pues si no tuviera bastante con la doctrina de su suegro José Utrera Molina, puede ir más atrás todavía en su ascendencia hasta llegar a Tebib-Arrumi. No quiero creer que estemos de nuevo en los tiempos que hicieron heroico a Tebib-Arrumi, pero sí quiero decir algo que he explicado a mis alumnos: «Lo más importante de los altos dirigentes del PP no es que sean hijos de, sino que son nietos de». Y si no, lean los grandes libros de Graciano Palomo para recordar, entre otras cosas, que el activo fundamental del Aznar (asesor de algunos gatuperios internacionales) no es su padre, que en gloria esté, sino su abuelo que era don Manuel Aznar Zubigaray. Ser nieto, según de quien, mola, como dicen mis alumnos.