Diario de León
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Emilia Fernández, en defensa de mi honor En relación con las informaciones publicadas en la edición del Diario de León del pasado día 31 de agosto de 2007, en las que se alude a mi persona, deseo hacer las siguientes consideraciones: 1.- Que es completamente falso que yo -ni nadie en mi nombre- exigiese nunca cargo de responsabilidad alguno -ni mucho menos un sueldo- en el Consejo Comarcal del Bierzo. 2.- Que las razones de mi ausencia en el Pleno del Consejo Comarcal del pasado 29 de agosto nada tienen que ver con esa ficticia exigencia publicada en el Diario de León. 3.- Que mi lealtad al PSOE -del que soy militante desde el año 2001- ha sido, es y seguirá siendo completa e indiscutible; pero que debo afirmar, asimismo, que nadie puede obligarme a votar a favor de medidas tales como un injustificable incremento presupuestario de más de 100.000 euros en el Consejo Comarcal, para el que la citada institución carece de fondos y que cuenta con un informe negativo de su Intervención. Eso sería tanto como traicionar los principios que han guiado al PSOE en sus casi 130 años de Historia. 4.- Que soy funcionaria del Cuerpo de Maestros, por oposición, desde 1996 y que no necesito de ningún cargo político remunerado para mi sostenimiento ni el de mi familia, lo que me confiere una libertad y una independencia de la que quizás otros carezcan. 5.- Que en mi última nómina como funcionaria de la Junta de Castilla y León figuran unos ingresos brutos mensuales de 2.168,27 euros, y que mi honor vale mucho más que los supuestos emolumentos que alguien tuviese a bien concederme, para mantenerme con la boca cerrada. 6.- Que entiendo que mi posición resulte incomprensible para muchos, sobre todo para aquellos que carecían de profesión antes de llegar a las instituciones y que quieren convertir el PSOE en unas simples siglas, vacías de contenido, bajo las que amparar sus negocios particulares, inmobiliarios o de cualquier otra naturaleza inconfesable. 7.- Y, en último término, que mi único patrimonio es mi honor y que lo defenderé -ante la opinión pública y, llegado el caso, ante la Justicia- hasta el último día de mi vida. Emilia Fernández García (Ponferrada) La familia, valor social permanente La familia además de ser el primer núcleo de amor con el que uno se encuentra, facilita nuestra adaptación al medio social y nos da no solamente los valores que en él perviven, sino también su interpretación. La familia obliga a todos sus miembros a salir de su individualidad para convivir con los demás. La familia también debe ser lugar en que se proporcione a los más jóvenes información y criterios sobre la vida social en la que ya se están insertando. Personalmente, concibo la familia como el espacio social donde la vida puede experimentarse en toda su riqueza; como un laboratorio de proyectos vitales rodeado de un clima de comprensión y cariño; como un lugar de libertad, donde el proyecto de un individuo puede ser criticado sin rencor y donde el análisis de un fracaso nunca se convierte en un trauma. La familia es una microsociedad de cariño, de confianza y de unión; es una comunidad de talla humana, cuyos miembros encuentran en ella un espacio de libertad donde pueden madurar como personas. La familia es además, un espacio privilegiado de comunicación. Hoy, paradógicamente, está fallando la comunicación en el mundo. Y eso ocurre en la era de las comunicaciones. La tragedia del hombre moderno consiste precisamente en la incomunicación. La comunicación, como relación humana auténtica, va empobreciéndose cada vez más. No es hoy infrecuente que quien intente transmitir lo íntimo, lo genuinamente personal, se encuentre desasistido. En la actualidad la comunicación se ha empobrecido porque nos relacionamos más a través del personaje que representamos que a través de la persona que somos. Más que con las personas nos relacionamos con las funciones de éstas. Y para llegar a un diálogo profundo con los demás se hace necesario desfuncionalizar las relaciones e intentar personalizarlas al máximo. La familia, sin duda, cuando funciona como un verdadero grupo primario, puede favorecer en gran manera la genuina comunicación personal. La familia es una escuela en donde todos -padres e hijos- son aprendices y educadores. El amor, la libertad, la tolerancia y el diálogo..., son asignaturas comunes. Anatolio Calle Juárez (Navatejera). Enrique (En el debate de la edición diariodeleon.es).

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