EL BALCÓN DEL PUEBLO
Crisis de identidad
EL PASADO SÁBADO -el artículo vio la luz el domingo- prometí vocear desde este balcón la crisis del Consejo Comarcal del Bierzo. Abro de nuevo los cuarterones y cumplo la promesa. Pero es obligado comentar previamente que ese mismo día, con ocasión de la fiesta de la Virgen de la Encina, un numeroso grupo de políticos, encantados de haberse conocido, asistieron entre atónitos y abochornados, a un festival político-religioso. Las dos grandes estrellas fueron el obispo de Astorga y el corregidor de Oencia. El obispo Camilo Lorenzo, siguiendo las consignas de Rouco Varela y Cañizares, entró en campaña electoral. Y el esperpético acalde de Oencia, mister Estanga, traje negro, camisa roja, botas camperas pde iel de serpiente, sin pistolas en esta ocasión y con espuelas, ofició de cherif una ceremonia racista y partidaria. El bufón no dudó en compararse con Jesucristo o Ché Guevara. Cuando se mezcla política y religión, ya se sabe: los representantes de los ciudadanos acaban rezando en público y los curas lanzando mítines políticos. Sobre la crisis de identidad por la que pasa el Consejo Comarcal son totalmente elocuentes las declaraciones que hizo ese mismo día a este periódico el corregidor de Ponferrada, Carlos López Riesco. Según el alcalde del municipio que agrupa al sesenta por ciento de la población de la comarca, «el Consejo no debe situarse nunca en una situación de superior jerarquía, porque no lo es con respecto a los ayuntamientos». Traducido a román paladino: para el alcalde de Ponferrada, el Consejo Comarcal puede ser en el futuro nada más que una mancomunidad de municipios. Toda la confusa situación del Consejo Comarcal arranca de la improvisada regulación de la comarca que se hizo siendo José María Aznar presidente de la Junta de Castilla y León. Es un secreto a voces que lo que Aznar perseguía a corto plazo era tener un órgano controlado por el Partido Popular que incordiara al Ayuntamiento de Ponferrada y a la Diputación Provincial. Entonces los dos estaban en manos socialistas. Sin embargo, como las armas las carga el diablo, para sorpresa general, el Consejo Comarcal, a pesar de la exagerada sobrerrepresentación de los municipios pequeños, ha estado siempre en poder del PSOE, mientras que el Ayuntamiento de Ponferrada pasó a ser feudo de los populares, que se han asentado en la plaza gracias a una gestión de brillo. El resultado final es éste: el Consejo Comarcal se ha convertido en un incordio para la Junta de Castilla y León. El Ayuntamiento de Ponferrada no quiere ver ni en pintura a un organismo que le haga sombra. Le niega cualquier protagonismo. Le ha impedido absorber la mancomunidad que administra el agua y lo excluye de las gestiones del polígono industrial de El Bayo y de la estación depuradora de aguas residuales. Por su parte, para la Junta de Castilla y León la experiencia ha sido tan nefasta que no ha querido extenderla al resto de la comnunidad autónoma. Ni siquiera a otras comarcas periféricas, como Sanabria o Miranda de Ebro, tal y como habían diseñado en un principio. De todo este amasijo viene la situación de indefinicón. Quema. Y nadie coge el toro por los cuernos.