AL TRASLUZ
Dios demandado
HA OCURRIDO en el estado de Nebraska. El senador Chambers ha interpuesto una demanda a Dios por considerarle culpable de «nefastas catástrofes», y ha sido admitida a trámite por la corte del distrito de Douglas. Afirma que lo ha invocado con numerosas llamadas de «manifiéstate, manifiéstate, dondequiera que estés» y nunca acude. Faulkner, Carson Maccullers y Flannery O'Connor deben de estar carcajeándose en sus tumbas: «¿Y decíais que nuestros personajes sureños estaban todos chiflados?». Hace unos días, la revista Nature Neuroscienese daba a conocer los resultados de una investigación realizada entre población estadounidense, según la cual los conservadores y los liberales tienen el cerebro distinto; a falta de saber si es un puritano pasado de rosca o un ateo zumbado, nos limitamos a recomendarle un descanso en Miami, así como a quien admitió el documento a trámite. Seguro que enseguida les hacen un telefilm, de esos basados en una historia real. Acusa a Dios de ser culpable de : «espantosas inundaciones, egregios terremotos, horrendos terremotos, terroríficos tornados, perniciosas plagas, feroces hambrunas, devastadoras sequías y guerras genocidas». Pobre senador, desconcertado ante el silencio de Dios. Según Ratzinger, El tiene un sentido de las leyes de causa y efecto que no siempre coincide con nuestro anhelo de respuestas inmediatas ante el dolor, posee una paciencia infinita que se escapa a nuestra noción del tiempo. Chambers ni siquiera concreta su demanda en una religión determinada, lo extiende a todas, se conforma con que aparezcan sus representantes oficiales. Vivimos en un mundo misterioso donde todo y nada puede ocurrir, salvo que la condición humana deje de ser la que es. ¿Y si el día señalado Dios se persona en el juzgado?