Diario de León
Publicado por
IGNACIO BERMÚDEZ DE CASTRO OLAVIDE
León

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SÓCRATES, allá por el siglo V antes de Cristo, ya se quejaba de lo malcriada que estaba la generación de sus hijos respecto a la suya, aunque siempre culpó de la mala educación de sus vástagos a su esposa Xantipa, la única persona a la que reconoció que jamás consiguió hacer razonar. Aunque no dejó nada por escrito y todo lo que de él sabemos es a través de su discípulo Platón, suponemos que jamás se vio en la tesitura de tener que aguantar insultos, vejaciones, amenazas o agresiones de sus tres retoños. Suerte tuvo el fundador de la filosofía ática pues 25 siglos después de que se viera obligado a beber la cicuta las cosas cambiaron sustancialmente. Raro es el día que los medios de comunicación no nos informan acerca de casos de menores que maltratan física o sicológicamente a sus proopios padres, y lamentablemente estos últimos están en el más absoluto de los desamparos. La ineficaz solución de la zapatilla o colleja ya no es aplicable. No es el primero que por ello hubo de sentarse en el siempre incómodo banquillo de los acusados. Por el contrario, cuando un padre pone en conocimiento de las autoridades competentes el comportamiento más que agresivo del jovencito/a, en cuestió, lo cual es fácil entender sólo ocurre en situaciones más que insostenibles, suelen invocarle la virtud de la paciencia como única solución, a no ser que la sangre ya haya llegado al río. Evidentemente estamos hablando de casos excepcionales, pero como las meigas, «haberlos haylos». Pasamos sin transición aparente del antaño «los niños hablan cuando mean las gallinas» -siempre me pregunté si estas aves galliformes no miccionan o si era un simple decir-, al «papá paso de ti que no me cundes». Ni una cosa ni la otra. Ya que va de griegos parafraseo al estagirita Aristóteles en aquello que en el término medio está la virtud.

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