DESDE LA CORTE
Quién ha cambiado en el cuento
PARA hablar de Baltasar Garzón, nos podríamos inspirar en el más famoso verso de Quevedo y describirlo así: «érase un hombre a la polémica pegado». Haga lo que haga, siempre se sospecha de él alguna intención oculta, normalmente relacionada con la política. No podía ser menos ante la orden de ingreso en prisión de 17 dirigentes de Batasuna. Dado que esta fuerza política era tan ilegal durante el proceso de paz como ahora, y celebraba tantas reuniones como ahora, y daba rueda de prensa sistemáticas, y tenía una presencia pública incompatible con las prohibiciones de actividad que habían decretado los tribunales, la sospecha resulta elemental: Garzón actuó ahora por interés político. ¿Y cuál puede ser el interés político? ¡Pues cuál va a ser! Ayudar a Zapatero a corregir su imagen de debilidad ante el entramado terrorista. Este pensamiento tiene tanta lógica, que coinciden en expresarlo personas próximas a la derecha estatal y miembros del gobierno nacionalista vasco. Es la primera vez en años que piensan algo parecido. Este cronista confiesa también sus dudas. Pero confiesa algo más: si diéramos por supuesto que un magistrado como Garzón o cualquier otro puede ser influido por un gobierno, cualquiera que sea también, estaríamos sepultando el principio de independencia de la Justicia. Yo, por lo menos, necesito creer que Baltasar Garzón actuó exclusivamente por lo que dice en el largo auto que ayer dio a conocer: porque ha confirmado que los encarcelados han cometido un posible delito de integración en banda armada. ¿Qué ha ocurrido desde que se comenzó a hablar con esa banda terrorista? ¿Por qué no se actuó antes contra su brazo político? La explicación es coherente: porque hay una fase donde los detenidos trabajan por el fin de la violencia. Y ahora «su voluntad no es acabar con la violencia, sino coadyuvar a la consecución de los fines de la organización terrorista», según expresión textual del auto. Quien ha cambiado, por tanto, no ha sido el magistrado; ha sido Batasuna. Lo que hizo el magistrado ha sido actuar cuando tuvo «indicios racionales». ¿Y quién se los proporcionó? Naturalmente, la investigación policial, que le ha dado los datos para demostrar que ETA es «fagocitadora y depredadora de la izquierda abertzale» y que Batasuna apoya su estrategia de violencia. Sería útil que al menos los partidos constitucionales como el PP y sus altavoces hicieran esta misma lectura. Aunque también entiendo que estamos en plena caza de votos, no debe admitirse que bajo el mandato de Zapatero hay coherencia ni en la Justicia, y hay que darle leña al mono. Así tendremos que andar hasta marzo. Lo malo es que el precio lo tenga que pagar la credibilidad judicial.