EL PAISANAJE
Bandera blanca
MIENTRAS suben las hipotecas, el gas, la gasolina, la leche y el pollo cuesta un huevo los políticos sólo discuten estos días sobre la bandera, el referéndun de Ibarretxe, el Estatut, la memoria histórica, que trae recuerdos muy cabrones para todos, la Educación para la Ciudadanía y, en general, sobre chorradas que no se comen. Por el contrario, en los países serios con las cosas de comer no se juega. Está en juego el cocido de cuarenta y pico millones de españoles y a Zapatero sólo le preocupa el suyo. Muy mal tiene que tener las encuestas para abanderarse tanto ahora con la enseña nacional y muy harta tiene que estar la gente con tanta polémica estéril. Hay que decir en favor de Rajoy que no tiene arte ni parte en todo este zascandileo: los problemas se los ha buscado el otro, él solito, en estos tres años , sin que le ayudara nadie. Y, si la madeja española no se ha liado más, es porque no ha dado tiempo, así que ojo al ovillo, según mi gato, que se llama, ya es casualidad, Pepiño como el suyo. La última fiesta nacional, el día de la Pilarica, tuvo un lucimiento muy gallardo de banderas, únicamente deslavazado por los abucheos a Zapatero, que no vea usted cómo se arropaba en ellas. Dicen que quienes silbaban eran la minoría minoritaria de siempre. Si nos llaman ahora así a los que hicimos la mili - él no-y ahora nos ganamos el chusco como podemos, allá su estado mayor de opinión. Este Gobierno salió ya con mal pie. Y, como barruntamos algunos, una de dos, o tenía ya el paso cambiado cuando negociaba con ETA en el 2004, Carod Rovira y con todo bicho nacionalista viviente, o es más patoso todavía cuando rectifica. Las dos cosas no pueden ser, le digo a usted, mi sargento, Para memoria histórica la de los quintos del 53, que juramos bandera justo cuando la transición y luego nos conjuramos para no hacerlo nunca más. La mayoría seguimos bebiendo por quintales, pero sólo para olvidar. Remomorándolo bien, sólo merece la pena acordarse de cuando el tinto valía a peseta y no los 0,8 euros del café de Zapatero. Los hay que dan risa hasta en los vicios.