Diario de León
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FEDERICO ABASCAL
León

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DURANTE ALGO más de dos horas de diálogo, el lendakari Juan José Ibarretxe y JoSé Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno, no se han salido del guión previamente escrito por sus respectivos equipos de estrategia. Si nos atenemos a sus declaraciones tras el encuentro, el lendakari se habría limitado a recitar su plan soberanista número dos, mientras que el presidente del Gobierno, atendiendo al ordenamiento jurídico y a la presión agobiante del Partido Popular, habría reiterado que al margen de la legalidad constitucional no hay vías políticas que lleven a algún sitio. Ha vuelto a demostrarse que Juan José Ibarretxe es inasequible al desaliento, y así parece haberlo señalado José Luis Rodríguez Zapatero al decir que el lendakari lleva desde el año 2001 con la misma propuesta, esta vez reformulada, pero que va a correr la misma suerte que la primera. La primera fue el plan de reforma estatutaria que llegó a las Cortes Generales, donde fue rechazado. Como la democracia tiene variadas interpretaciones aritméticas de las mayorías, el lehendakari aduce que su convocatoria de consulta popular para octubre del próximo año cuenta con suficiente apoyo parlamentario, frente a lo cual responde Rodríguez Zapatero que la complejidad y variedad ideológica de la sociedad vasca requiere un amplio consenso social, mediante acuerdos o entendimientos transversales, para que media población no se vea o se sienta marginada de los proyectos de futuro. Los dos políticos hablaron ayer a la prensa desde el mismo palacete de La Moncloa, lo que Ibarretxe solía evitar, aplazando sus declaraciones hasta su regreso a Euskadi. Y Rodríguez Zapatero acostumbraba a delegar aclaraciones en la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega. Además de esta diferencia, de muy escaso calado, pudo observarse otra en las referencias o alusiones del presidente hacia el lendakari, nada melosas sino, por el contrario, con algún punto de sarcasmo en un par de momentos, sobre todo cuando el presidente del Gobierno, preguntado por las perspectivas del proceso político que Ibarretxe consideró ayer iniciado, respondió que el lendakari llevaba desde el 2001 con el mismo tema, y quién sabe si va a seguir sosteniéndolo con la misma tenacidad que hasta ahora. Una tenacidad que parece conducir decididamente al fracaso. Nadie esperaba que de la reunión de ayer surgiera una sorpresa, entre otras razones porque dicha reunión, solicitada por Ibarretxe, escaseaba de sentido. Fue a Madrid el lendakari con la mano tendida a Rodríguez Zapatero para alcanzar nada menos que un pacto político de respeto mutuo entre Euskadi y España, pero cuando el presidente del Gobierno está al final de su trayecto ejecutivo, con hipotética renovación de mandato en las urnas dentro de sólo cinco meses, y cuando el lehendakari ofrece algo que, en sus manos, tiene mucho de cadáver político. Haber desplazado a Iosu Ion Imaz de la escena nacionalista para esto resulta más bien una acción de responsabilidad ilimitada, o casi.

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