CANTO RODADO
Poner fin a la pobreza
PRIMERO fue el territorio, luego los recursos naturales y ahora los seres humanos. El neocolonialismo viaja en vuelo charter y con chequera. Afortunadamente, las instituciones internacionales, a veces llegan a tiempo como ha ocurrido con la acertada intervención del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados en Chad esta semana. Las imágenes de los 82 niños y las 21 niñas de este país centroafricano con las que nos hemos desayunado esta semana nos mostraron descarnadamente que la infamia no tiene límites para una parte de ese norte rico y «civilizado». Separados de sus familias, con o sin su consentimiento, personas que se autotitulan salvadoras o rescatadoras de la infancia no dudaron en sobornar a funcionarios locales para conseguir unos permisos, ni en simular dolencias y discapacidades en los niños y las niñas que secuestraron. Irónicamente, ahora reclaman un trato ajustado al derecho. Y la comunidad internacional, con el Comité Internacional de Cruz Roja como bandera neutral y garante de los derechos de los detenidos, ha mostrado la grandeza de esas normas internacionales de las privaron a los niños y las niñas chadianas. Cumplir los Objetivos del Milenio, tal y como exige la campaña Pobreza Cero (www.pobrezacero.org) de la coordinadora española de oenegés, se hace más urgente que nunca. La sociedad occidental necesita tomar conciencia de que efectivamente puede influir en sus gobiernos para que el sur se desarrolle y los derechos de las personas, el primero de ellos la dignidad humana, sean respetados. Pues, mientras la pobreza perdure, no acabará la ignominia. Lejos de aquella idea de que el Tercer Mundo no tiene arreglo, el mensaje ahora es radicalmente distinto: «Somos la primera generación capaz de erradicar la pobreza». Para ello, hace falta: educación primaria universal, igualdad de género, menos mortalidad infantil, más salud materna, combatir el sida y el paludismo, garantizar la sostenibilidad ambiental y una asociación para el desarrollo mundial. La compasión ya no sirve, ahora urge la acción.