Diario de León
Publicado por
JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
León

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EL HOGAR de León en Bilbao se asoma a la ría del Nervión desde el casco viejo de la ciudad, en las Siete Calles. Ocupa el segundo piso de un vetusto edificio de estructura de madera, al lado del teatro Arriaga. Sus trescientos metros dan para varias salas, una biblioteca con interesantes libros de tema leonés, que se hacinan en estanterías con cierto desorden, y un espacioso salón que además de cafetería se utiliza como sala de conciertos y conferencias. Desde sus amplios ventanales se contempla, al otro lado del río, la espléndida fachada de la estación de Feve, en la que durante muchos años, desde los inicios del siglo XX, terminaban su recorrido los numerosos leoneses que, en el tren de la Robla, venían al País Vasco en busca de trabajo. Son varios miles los compatriotas nuestros que allí han hecho su vida, y muchos cientos los que no olvidan su tierra y se reúnen en el Hogar de León, unos como jubilados a tomar café y jugar la partida; otros asistiendo a los muchos y animados actos que organiza su Junta Directiva. Desde hace treinta largos años preside esta entidad, que fue fundada en 1932, como recuerda una placa en la puerta del edificio, Ángel Muñiz, un hombre que se ha dejado la piel por animar la vida leonesa en la ciudad de la lluvia. Es de Lois, de la montaña leonesa, tierra que, como escribió Marta Prieto al estudiar su preceptoría, ha dado hombres cultos y universales. A Ángel le pesan los años y la enfermedad de su esposa, pero el espíritu de lo leonés lo mantiene vivo y activo. Año tras año organiza conferencias, exposiciones, botilladas, magostos y todo aquello que sirva para unir a los leoneses en el País Vasco, y para que los vascos conozcan las excelencias y bellezas de nuestra tierra. En alguna ocasión también ha organizado excursiones a la provincia de León para que nadie se olvide de sus raíces; hace muchos años yo les acompañé por el Bierzo y las Médulas. Quizá por ello, estos días se organiza una comida con la que se le quiere rendir un justo homenaje que, en verdad, se merece. Desde la distancia me uno al mismo, pues conozco su labor y me honro con su amistad. Sólo dos sombras atormentan el leonesismo de Ángel Muñiz. Una en la provincia pues, con razón, cree que las instituciones provinciales se preocupan poco por mantener vivos los lazos con los leoneses de la diáspora. Los políticos leoneses miran más hacia Madrid olvidando el importante número de compatriotas que viven en el País Vasco, muchos de los cuales se han labrado prestigiosas carreras, pero de los que apenas se habla aquí y, por ello, se los desconoce; pero sobre todo, los instituciones leonesas no apoyan suficientemente la labor de promoción que el Hogar de León está realizando en aquella tierra. Todo, o casi todo, se lo han tenido que trabajar los directivos de la asociación; con el apoyo, hay que decirlo, de los más de trescientos socios familiares con los que aún cuenta. Ellos son el principal sostén del Hogar y quienes mejor conocen la labor que allí se está realizando; pero no estaría mal que la Diputación, el Instituto Leonés de Cultura y la prensa les echaran una mano. Seguro que lo agradecerían. Desde hace bastantes años los jóvenes, que antes eran numerosos y realizaban muchos actos culturales, ahora han dejado de frecuentar el Hogar de sus padres. Ciertamente se han integrado en la vida de la tierra que los ha acogido, lo que es bueno y ley de vida; pero esto se ha traducido en un envejecimiento del Hogar que amenaza su supervivencia. Si no hay jóvenes que mantengan lo leonés, la asociación desaparecerá, muchos olvidarán sus raíces y los lazos de León con el País Vasco languidecerán. Es difícil la solución pero se me ocurre que desde las instituciones provinciales sería posible alguna acción positiva, como promocionar viajes de los jóvenes a León, contactos con otras Casas de León o algún acto leonés en Bilbao. Seguro que algo se puede hacer.

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