Día de la Llingua
Un lugar para el encuentro La tertulia siempre fue algo entrañable y fuente de imaginación e intercambio de ideas, algo que contribuyó al diálogo y el entendimiento aunque también, a veces, fuera motivo de discordia y de distanciamiento. Allá por el siglo XIX y los comienzos del siglo XX los lugares de tertulia más habituales estaban en los cafés que reservaban un espacio para los dominadores de la palabra. En el transcurso de los tiempos, la técnica, el dominio de los medios audiovisuales y la extensión de una forma de vida frenética y consumista, la conversación quedó relegada a la mínima expresión, por no decir a la nada o a lo insustancial, incluso a corros de cotillas que tratan asuntos de la vida rosa o de asuntos deportivos. El ser humano necesita manifestar sus sentimientos, sus ideas y sus pensamientos, es un ser social y sociable, es un ser que se enriquece y evoluciona si es cooperante y recibe a su vez los aportes de los demás. Nuestra sociedad de lujo en algunos aspectos, oxidada en otros, navega sin rumbo cierto hacia metas no muy definidas. Y eso, precisamente, quería señalar y precisar porque, afortunadamente, aún existen reductos donde se puede practicar el noble deporte de la valoración y generación de ideas, donde el respeto por la opinión se practica de forma precisa y sin equívocos. Todavía hay lugares, pocos desde luego, donde una persona joven puede entrar en controversia con personas mayores y deducirse de ello una atmósfera de cooperación y respeto. Todavía existe algún lugar en el que el cambio de ideas se realiza sin tener en cuenta la extracción social de cada uno ni la relevancia política del personaje en cuestión, ni el nivel de estudios. Hay algo esencial en la vida del hombre que no lo da la universidad y es su talla moral y la sensatez que va en sus genes. Pues bien, este preámbulo nos lleva a considerar ciertos lugares como referentes esenciales de nuestras vidas. Deseo reseñar y realizar un homenaje a un lugar peculiar en la vida de algunos leoneses y la forma de actuar de la persona que está allí. Un lugar donde la tertulia nace espontáneamente y las opiniones se desgranan como los racimos caen al lagar y después producen el líquido que hace llegar la inspiración. El respeto y la moderación siempre han presidido el tiempo que algunos leoneses componemos un abigarrado grupo de asiduos del encuentro con nuestro amigo Julián. Conocemos a Julián hace mucho tiempo, casi en los confines y límites de los anales cronológicos. Julián es un hombre hecho a sí mismo, con referencias personales claras, inasequibles al desaliento y respetuoso con las opiniones dentro de la controversia. Las mentes despiertas y los cuerpos sentados en los sillones de la peluquería experimentan un salutífero efecto de bienestar cuando se ejerce además del acondicionamiento del pelo, con una tarea de artista, satisfecho de su trabajo en todo momento, el sano ejercicio del diálogo y del cambio de impresiones. Los viajes, las anécdotas, los comentarios sociopolíticos, la preocupación por el futuro de nuestra tierra y de la sociedad actual y un sin fin de asuntos, todo tiene cabida en una atmósfera familiar y respetuosa. Personas y personajes de todo tipo han pasado y pasan por los sillones de la peluquería y para cada uno hay una frase, un motivo de preocupación, una atención, una esperanza, la comprensión y la amistad en muchos casos. A cambio el pelo del amigo y el cráneo del cliente, que lo sustenta queda adaptado al ritmo y moda de los tiempos de acuerdo con su fisonomía o con la voluntad del cliente y el punto de vista del artista. En el transcurso de la operación surgen los intercambios de opiniones y experiencias, referencias a publicaciones y libros, surgen propuestas de temas para trabajos interesantes que hacen de la estancia en la peluquería de Julián un acto de necesidad que se debe repetir, que se anhela volver desde lugares alejados donde cada uno ejerce su trabajo con el fin de ser tratado con mimo y dedicación, no sólo por sus manos sino por la persona que entraña este profesional de la peluquería y filósofo de la vida. Desde aquí, queremos hacer llegar a Julián, el agradecimiento personal, y creo que de mucha gente que sintoniza con las palabras que en este momento brotan de mi pluma. Gracias a ti, a tu familia y empleados por hacer de un lugar necesario, un sitio de encuentro y reflexión, «rara avis» en una sociedad de estruendo, ambición y vértigo. Deseamos que por mucho tiempo se mantenga este ejercicio humanista de llevar a término una profesión con acierto, amistad y contribución al intercambio de ideas y a la controversia. Francisco Álvarez Marqués (Madrid) Nerea del Castillo (León).