EN POCAS PALABRAS LETRA PEQUEÑA
El «orgullo» de Lamela Cambio pendiente
EN EL CASO de las sedaciones irregulares del Severo Ochoa todavía resuenan en las bambalinas del escándalo las acusaciones de Lamela contra los médicos del servicio de urgencias del hospital. El entonces responsable político de la sanidad madrileña había prestado oídos a una denuncia anónima y, por consiguiente, se había responsabilizado políticamente de su veracidad. Ahora, cuando los jueces han descartado que existieran no sólo delitos sino incluso prácticas inapropiadas, lavando así la dignidad de los médicos injustamente señalados, Lamela se reafirma orgullosamente en su error y asegura que volvería a actuar de la misma manera. Estas actitudes soberbias distancian a la ciudadanía de su clase política y acarrean abstención y animadversión. Es inexplicable que Esperanza Aguirre tolere que en su equipo se produzcan actuaciones detestables que tratan de cubrir gravísimos y lesivos errores bajo un manto de impunidad. LOS ACUERDOS vigentes con la Santa Sede fueron suscritos por el Gobierno de Adolfo Suárez en 1979, poco después de promulgada la Constitución y en momentos de franca inmadurez política de este país. Quizá por ello, existe una corriente de opinión bastante extendida que duda de su plena constitucionalidad y aboga por una reforma que modernice una ligazón que, a juicio de bastantes, adolece de anacronismos indeseables. Voces potentes -incluidas las de Gregorio Peces Barba y Alfonso Guerra- han reclamado recentísimamente tal reforma, al hilo de la confrontación ideológica que se ha producido entre el Gobierno y la Conferencia Episcopal. De hecho, los rifirrafes son ya demasiado frecuentes para creer que no es preciso repensar los términos de la relación general. Y quizá fuese saludable que después del 9-M y de las elecciones generales en el seno de la propia Conferencia Episcopal que tendrán lugar también en marzo se buscara discretamente un marco negociador, en el que por supuesto deberían estar, en pos de un inexorable consenso, los dos principales partidos políticos.