Diario de León

HISTORIAS DEL REINO

¿Rodarán cabezas?

Publicado por
MARGARITA TORRES
León

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JURO que al principio creí que se trataba de una más de las películas de la cartelera semanal, semejante a las de zombis, vampiros sedientos de sangre y víscera y devoradores de casquería humana varia que día sí, día también, nos anuncian en la gran pantalla. Podría llevar por título, parafraseando la versión hispana del célebre film del maestro Frank Capra, «Arsénico por compasión» y, en el papel protagonista, más que las dos tías viejecitas de Cary Grant, algún oscuro y siniestro personaje empeñado en ocultar las dosis de metaloide disueltas en hache-dos-o. Desafortunadamente para todos no se trata de la puesta en escena de mediados de los años cuarenta en la que dos ancianas asesinan por caridad a hombres solos y de similar quinta para enterrarlos en el patio. Aquí, por aquello del avance de los tiempos, se introduce el matiz medio ambiental y conspirativo, en la me jor línea del Agatha Christie y Miss Marple. Las víctimas potenciales: los vecinos de Nistal de la Vega; el tóxico: arsénico; el medio: el agüita del grifo con dosis que oscilan entre los 63 y los 88 microgramos/litro. Y, ahora, a desentramar el hilo argumental. L a Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció un valor guía de 10 microgramos/litro para el arsénico presente en agua de bebida. A partir de esta cifra, se considera que el metaloide puede, si su consumo se alarga en el tiempo demasiado, acabar por desencadenar arsenicosis o, según la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), favorecen otras enfermedades de terrible nombre. En niveles intermedios puede dañar la piel, el pulmón, la vejiga, los riñones. Llevado al extremo, incluso causar la muerte directa, como ocurre en Taiwan, India, Bangladesh y otros países del segundo y tercer mundo de Asia, América Latina o África. No alarmemos a la población, pero sí a las autoridades responsables de no haber detectado a tiempo este gravísimo problema de contaminación de las aguas potables. Asustémosles un poco más para que, en lugar que enviar la versión mineral y en garrafa del líquido elemento, solucionen a los vecinos de Nistal este entuerto de una vez por todas y, de paso, se dediquen a tomar muestras de todos los pozos y puntos de abastecimiento de la traída de agua que bebemos el resto de los leoneses, riegan nuestros campos o ingieren los animales. Napoleón Bonaparte, ese incordio francés que invadió nuestro suelo patrio y quiso privarnos de sufrir a esa otra prenda borbónica de nombre Fernando VII, falleció en su destierro forzado por ingestión masiva de arsénico en Santa Helena. Difícil lo tienen los de Nistal para condenar a la lejana isla napoleónica al culpable de no detectar a tiempo lo que ahora ha visto la luz gracias a la prensa. Más complicado aún los leoneses para solventar tantos agujeros en nuestro calcetín. En otros tiempos más ilustrados, los franceses de 1808 utilizaban la bonita frase -y literal- de «rodarán las cabezas de los culpables». Aquí, como siempre, a esas mismas testas o se les ascenderá o trasladará a otro puesto. Y eso en el mejor de los casos. Ya ven, al final la culpa la tenemos nosotros por echar a los gabachos hace doscientos años.

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