EN BLANCO
Made in China
ESTAMOS SUMIDOS a tiempo completo en la campaña electoral entre Rajoy (¡ay, que me voy!) versus Zapatero (¡ven, que te espero!), pero no conviene perder de vista los usos y costumbre de la exótica China, vapuleada por un big-bang capitalista que afecta a todos los órdenes del discurrir cotidiano. Un modelo económico alabado en las más selectas escuelas de negocios, aunque otros opinan que se trata de un disparate que más o menos funciona. Es el caso de catecismo cívico impuesto a los funcionarios chinos, una suerte de Operación Lolailo que pretende cercenar toda práctica corrupta en la Administración. A la gente nos gusta saltar la valla de vez en cuando, eso está claro, así que el Partido Comunista pretende obligar por decreto a no aceptar sobornos, no difundir rumores maliciosos sobre los rivales, no traficar con influencias, ni tampoco recibir regalos sin autorización. Los seres humanos somos una especie de ensalada bastante mal salpimentada, por cierto, y de esta forma se trata de atajar todos los abusos del poder y la corrupción rampante que sufren los chinos. ¡Vaya tela! La buena conciencia, dicen, suele ser fruto de la mala memoria, por lo que este manual ético de trazo grueso busca acabar con la guerra de almohadas que hasta ahora se les colaba de mala manera por las rendijas burocráticas. Aquí en España, mientras tanto, nos encontramos en plena pajarraca electoral, para la que nadie ha apañado un código de conducta que nos evitara tantos decibelios de bruticie y desplantes entrecruzados. Un catálogo de piropos que le ponen a uno la gallina de piel. O como se diga.