Diario de León
Publicado por
MIGUEL PAZ CABANAS
León

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«SÍ, LOS periódicos tenían razón: la nieve se extendía por toda Irlanda (¿.). Se posaba, espesa, sobre las cruces y lápidas torcidas, sobre los barrotes de la verja, sobre los yermos espinos», dejó escrito Joyce en un final antológico. No parece que ocurra lo mismo aquí, los diarios no vaticinan nieve y a 21 de febrero las montañas de León lucen cumbres azules y peladas. No sabemos tampoco si por el cambio climático, de hecho carecemos, a diferencia de otros, de cuñados que hagan previsiones fiables, y a lo más que aspiramos es a que algún aldeano, frun ciendo el ceño, barrunte que pueda llover. Lo cierto es que ese mismo labrador te confirmará que ya no nieva como antes, qué va a decir, cuando se excavaban túneles para llevar las vacas al río, pero de eso hace ya muchos años, antes incluso de que, aparentemente, se derritieran los polos, por lo que no sabemos muy bien a qué atenernos, hasta los hay que murmuran, con socarronería, que aquí «el invierno no se lo comió nunca el lobo», y al paso recuerdan que vieron nevar tarde, a finales de mayo, incluso en julio. El caso es que yo estoy persuadido de que ha de venir la gran nevada, no sé, la única cigüeña que he visto fue precisamente en San Blas, y eso me da esperanzas, aunque todo el mundo dice que ahora ya no viajan, que anidan en los vertederos, en triste metáfora de una época llena de podredumbre. Pero, insisto, ha de acudir una de esas nevadas tardías y abrileñas, o mejor aún, en marzo, a lo mejor hasta el día 9, quién sabe, una que cubra todo el país, y no para que la gente se quede en casa, si no para que vayan a votar con gozo desconocido, y los interventores y los apoderados se arrojen bolas cariñosas y alguno, con ironía, levante un monigote justo a la puerta de la caseta electoral (allá los candidatos que se sientan identificados). Nieve espolvoreando las ciudades, las fuentes, las verjas herrumbrosas de los conventos. Y, sobre todo, nieve que tape, con un manto de pureza virginal, el guirigay de esos cuentistas de zoco que son los políticos.

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