EN BLANCO
Siempre libros
CIERTA tonadilla televisiva de tiempos pasados aseguraba, con más razón que un santo, que todo está en los libros. Una verdad de proporciones absolutas, como prueba el visionario libro escrito en 1924 por Lowell Thomas que ha sido reeditado en fechas recientes. El tal Thomas era un periodista norteamericano que acompañó y documentó gráficamente las increíbles correrías del célebre Lawrence de Arabia durante la Primera Guerra Mundial. Las peripecias del menudo y erudito militar, un titán del espíritu capaz de excitar hasta el combate a todas las tribus del desierto, serían llevadas a la gran pantalla por el también británico Peter O¿Toole, en una de aquellas fantásticas películas que por desgracia ya no se estilan. En su relato predice de forma asombrosa la situación de desbarajuste global a la que hemos llegado hoy en día, especialmente a raíz del crimen histórico perpetrado en Irak por Bush, Blair y Aznar, más conocidos como el «trío Calavera». El bueno de Lowell pronosticó, hace más de 80 años, que a pesar de la sonrisa de burlona superioridad con que se trata al Islamismo en Occidente, «el día menos pensado puede ocurrir un rudo despertar, porque es el credo de la quinta parte de la población del mundo y un credo que hace activa campaña de proselitismo y logra conversiones lo mismo en Londres que en el África ecuatorial». ¡Pasmoso! Y añade, «como las oleadas de inquietud, de fervor religioso y de espléndida esperanza que agitaron a la Cristiandad en tiempos de las Cruzadas, así ahora, desde el Sudán a Sumatra, hay señales indudables de otro movimiento más temible». Dijo Santayana que convertir los acontecimientos en ideas es la función primordial de la literatura. Y eso es lo que hizo Lowell Anderson, demostrando una vez más que todo está en los libros.