Diario de León
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FEDERICO ABASCAL
León

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DICHO sin eufemismos, el PP atraviesa una crisis, y lo que diferenciaría esta crisis de las sufridas por otros partidos, es que en ésta parecen estar utilizando algunos líderes populares, para la guerra interna, la crispación que hasta hace unas semanas sólo aplicaban a la vida pública. Y ha bastado la inminencia del congreso de junio para que afloren en ese partido, que absorbe el vastísimo muestrario ideológico y emocional de la derecha, no sólo esas diferencias emocionales e ideológicas sino también incompatibilidades o aversiones personales. Las fricciones entre Esperanza Aguirre y Ruiz-Gallardón, quienes ayer, por cierto, se dieron dos besos en un acto organizado por CC.OO. sobre la vivienda, obedecían a que ambos intentaban suceder a Rajoy, pero como Rajoy ha decidido sucederse a sí mismo, alentado por algunos barones de la periferia, ante quienes Aguirre representa a Madrid, la pelea, crispadita el pasado fin de semana, se ha reducido a Aguirre y a Rajoy. Observadores sensatos adelantan que la presidenta madrileña ha decidido tirar la toalla, una vez realizado el último recuento de sus partidarios, que no eran muy numerosos. Pero de tirar la toalla, nada; la ambición no se rinde. Si se llegase al congreso de junio con la sola candidatura de Rajoy, dicen los partidarios de Aguirre (en cierta sintonía con la influencia residual de Aznar), produciría tal revuelo la falta de una autocrítica profunda, en la que todos los sectores del partido admitiesen su responsabilidad en las derrotas electorales de los 14-M y 9-M, que el congreso podría convertirse en un olla a presión a punto de estallar. Después de dos elecciones perdidas, ningún partido sería capaz de controlar la fidelidad de 3.000 compromisarios al candidato dos veces perdedor. Tras el golpe de autoridad de Rajoy en Elche el pasado sábado, el líder del PP habría desaparecido, sin replicar personalmente al contraataque de Aguirre y sin que la gente haya sabido durante dos días y medio donde estaba. Y es que Rajoy es bueno en lo suyo, pero no lo sería tanto en la constancia que requiere la batalla política, de la que a ningún líder le estaría permitido evadirse, ni siquiera un rato. Bien es verdad que una candidatura como la de Rajoy requiere una permanente comunicación entre bastidores con los resortes de poder territorial que todos los partidos albergan, pero eso no debiera impedir su presencia constante en los medios, donde la realidad y la imagen tantas veces se confunden.

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