Diario de León
Publicado por
MARÍA J. MUÑIZ
León

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PARECÍA DIFÍCIL alcanzar otro hito como aquel de Fraga bañándose en Palomares para demostrar que las armas nucleares que perdió un avión norteamericano no habían contaminado las aguas de la zona. Pero todo llega. Miren si no a los que van de científicos, e intentan acotar el miedo (el daño se verá a largo plazo) del escape de Ascó: si se comieran las partículas radiactivas fugadas en un bocadillo, no sería peligroso para la salud del glotón, dicen. Queda por ver si los responsables de la central están dispuestos a comerse el bocadillo nuclear en público, al bravo estilo del político gallego, para ganarse la confianza de las gentes de la zona. No seré yo quien alarme sobre las consecuencias del escape al que el intento de silenciar le sirvió de megafonía, pero parece claro que con las cosas de las centrales nucleares no se juega. Que hay peligro, hay. Que los profanos tenemos que cruzar los dedos y los expertos agudizar el ingenio y las precauciones, también. Y que así, a ojo de buen cubero, algún escape de esos no sea más peligroso que la concentración de microondas, antenas, deuvedés, mp3, ordenadores y demás aparatos electrónicos que hay por metro cuadrado en cualquier ciudad, también. No vamos a rasgarnos ahora las vestiduras como si viviéramos respirando aire puro cual abuelito de Heidi en su cabaña, Industrias, coches, calefacciones, aparatajes,... Que tenemos el cuerpo acostumbrado a todo tipo de porquerías, vamos. Tan cierto como que los «accidentes» de las instalaciones más peligrosas son imperdonables, con las tecnologías que corren. Tanto como que el Soyuz de turno practique el aterrizaje libre sobre las cabezas de miles de desprevenidos ciudadanos. ¡Señor, cuántas amenazas!

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