EL CORRO
El pase al azúcar
CREÍAMOS, INCAUTOS de nosotros, que tras el duro ajuste que la OCM del azúcar ha operado en la producción remolachera de Castilla y León -reducida aproximadamente al 50 por ciento- el sector quedaría saneado y estabilizado al menos para unos cuantos años. Pero está visto que no ganamos para sobresaltos. Apenas unas semanas después de pactar su nueva cuota de producción, Ebro-Puleva ha anunciado su firme intención de desprenderse de toda su actividad relacionada con el sector azucarero. Tan firme que, como se trata de una compañía que cotiza en la Bolsa, la Comisión Nacional del Mercado de Valores ha sido pertinentemente informada de la intención de sacar a la venta esa parte del negocio. Sabíamos que desde que el grupo arrocero Herba se hizo con el control de Ebro Puleva, el azúcar dejó de ser el buque insignia y fue perdiendo peso dentro del conglomerado de este grupo alimentario. Pero no sospechábamos que hasta el punto de quererlo perder de vista cuanto antes, justo en el momento en que el negocio azucarero acaba de sanearse gracias a las subvenciones industriales aparejadas a la OCM. La operación está bastante clara: precisamente porque el negocio está saneado, Ebro-Puleva prefiere hacer caja ahora, dando el pase al azúcar evitando antes de que en el futuro puedan venir otra vez mal dadas y se le devalúe la mercancía. Lo cual viene a indicar que el grupo no tiene demasiada confianza en el futuro del sector remolachero. Y esto es, a la postre, lo realmente inquietante. Nada habría que reprochar a esta decisión de Ebro, de pura lógica empresarial, si no fuera porque entre su accionariado figuran casi todas las cajas de ahorro de la región, con Caja Duero y Caja España a la cabeza. Y no es que pertenezcan, así sin mas. Es que, a excepción de Caja Duero, accionista con anterioridad, todas las demás entraron en su momento en la compañía obligadas por la Junta en aras del objetivo estratégico de blindar el futuro del sector remolachero en Castilla y León. La entonces consejera de Economía, Isabel Carrasco, se ocupó de muñir aquella operación. Precisamente apelando a aquel compromiso, ha venido ahora Juan Vicente Herrera haciendo un llamamiento a las Cajas para que se hagan garantes de ese futuro. El presidente de la Junta no se ha debido enterar de que el acuerdo de Ebro-Puleva de dejar el azúcar ha sido adoptado por unanimidad de todo el Consejo de Administración, del que forman parte el presidente de Caja España, Santos Llamas, y un representante de Caja Duero, que antes era el alcalde de Valladolid y ahora es el de Soria. Herrera tampoco debe estar al tanto de que las Cajas jamás se han opuesto al cierre de ninguna de la larga lista de azucareras que ha ido clausurando Ebro en la comunidad (la próxima, la de Peñafiel). En su alarmante falta de información, puede que Herrera ignore incluso que el gobierno que preside tampoco se ha ocupado nunca lo más mínimo de exigir a la compañía el cumplimiento de las contrapartidas firmadas con ocasión de cada uno de esos cierres. Y si ni siquiera las ha cumplido cuando mantenía vivo el negocio azucarero, a ver quién les echa un galgo a los de Ebro ahora que van a traspasarlo.