Diario de León
Publicado por
VICENTE PUEYO
León

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EL FOTÓGRAFO era un psicólogo. A las puertas de la Moncloa, Zapatero tiende la mano a Ibarretxe y el lendakari hace lo propio pero el clic congela la imagen dejando un hueco entre las manos que aún no han llegado a tocarse. Dos centímetros que son un abismo de cordial incomprensión. Todo un símbolo de lo que nos pasa en este enigmático país; en lugar de un «¡choca esos cinco Juanjo!», la foto nos conduce a ese antiguo y absurdo empecinamiento que, con tesón admirable, se empeña en convertir en extranjeros a los que están tan próximos. Gruesos brochazos de cinismo, detrás de sonrisas y manos tendidas, enmarcaron una reunión cuyo desenlace, más que previsible, ya era conocido. Si, en ocasiones, la política se convierte en el arte de crear problemas, el lendakari volvió a demostrarlo con esmero. Llegó a Madrid con esa imperturbable mentalidad de caserío; esa tenacidad de aitzkolari que no se detiene hasta que el tronco se parta. Una tenacidad que estaría muy bien empleada si se concentrase, en primer término, en poner orden en la propia casa. A no ser que garantizar los derechos fundamentales, y elementales, de los ciudadanos (comenzando con el derecho a la vida) no se considere una cuestión prioritaria. Ofende a la inteligencia que Ibarretxe mantenga tozudamente ese criterio infumable, según el cual, las tropelías de ETA no tienen por qué condicionar el camino político en el País Vasco. ¿Cambiará de idea si le ponen cien kilos de dinamita delante de su casa? Señor Ibarretxe: usted es el primer ciudadano de un territorio -con un nivel de vida que otros quisieran para sí- en el que se sigue matando por motivos supuestamente políticos y en el que la palabra libertad se pone día tras día en entredicho. Usted, que es el primer ciudadano, debería ser también el más responsable de sus ciudadanos, de todos ellos, porque hay cientos cuyo «derecho a decidir» se pone a prueba cada mañana: «¿voy por esta calle, o voy por la otra?», «¿cojo el coche grande o el coche pequeño?», «me meto a este bar o a este otro»?... ¿Todo esto tiene menos importancia que esa «hoja de ruta» que conduce a ninguna parte? ¿Acaso iniciativas como ese referéndum que mantiene para octubre no tienen efectos directamente perturbadores para el conjunto de la sociedad española? ¿Pero en qué arcadia vive señor lendakari, nos toma por idiotas? Menos mal que nos quedan Patxi, Josu o el bueno de Antxon que coge la bici y se merienda un 15% con insultante elegancia. Ellos son gente, gente sana. Y podrían ser también «el pueblo vasco» si usted, y otros muchos como usted, no estuvieran arruinando ese concepto con una tenacidad suicida que, en realidad, esconde profunda cobardía.

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