EL CORRO
Cero patatero
CON EL tiempo se ha ido viendo que tras el famoso talante de Zapatero se esconde un «killer» político ante el que conviene andarse con cuidado. El presidente del Gobierno y supremo jefe del PSOE es de los que primero intenta matar a besos a sus adversarios, de tal suerte que, si estos se resisten a esa muerte dulce, suelen acabar lamentándolo. Viene esto a cuento del último encuentro celebrado entre el inquilino de La Moncloa y el presidente de la Junta, del cual Juan Vicente Herrera ha salido superencantado. Nada sorprendente. Pese a sus notables diferencias ideológicas, entre ambos siempre ha habido buen «feeling» personal, buen rollito se dice ahora. Desde que ambos presiden los respectivos gobiernos las críticas y reproches de Herrera por el trato de Zapatero a Castilla y León han sido incesantes y a veces se han visto acompañadas de calificativos de grueso calibre como considerarle «el peor presidente del Gobierno que ha tenido España en toda la historia de la democracia». A pesar de ello, cada vez que se han reunido -y van cinco veces en cuatro años- todo ha discurrido como una balsa de aceite. Para el encantador de serpientes que habita La Moncloa el presidente de la Junta ha sido siempre una presa fácil. Lo cierto es que, si se analiza el resultado de este último encuentro, se concluye que Herrera se ha vuelto a Valladolid con las alforjas completamente vacías. Lo que se dice cero patatero. Y sin embargo, el presidente de la Junta está más encantado que nunca de su relación con el Gobierno socialista. ¡Que me aspen si lo entiendo! La próxima puesta en marcha de la comisión bilateral de cooperación entre ambas administraciones prevista en el nuevo Estatuto de Castilla y León es el único resultado concreto de esta última reunión. A tal fin, la ministra de Administraciones Públicas, Elena Salgado, y el presidente de la Junta están citados para el próximo jueves en Madrid. Fuera de ello no existe más compromiso que el de seguir hablando. Ya sea sobre la gestión del agua en la Cuenca del Duero, sobre los planes de desarrollo rural o sobre la posible participación del Gobierno central en ese Plan de Convergencia Interior que está obligada a elaborar la Junta por mandato del propio Estatuto. Respecto al nuevo modelo de financiación autonómica, Zapatero se ha limitado a darse por enterado de los planteamientos de Herrera, el principal de ellos consistente en rebajar de un 94 a un 80 por ciento el peso ponderado del factor población, pretensión absolutamente condenada al fracaso. Lo que curiosamente no sacó a colación el presidente de la Junta es el inminente traslado a Cataluña de una nueva remesa de fondos del Archivo de Salamanca. Sería, digo yo, por no romper ese clima de buen rollito. En ese colegueo que en privado mantienen Herrera y Zapatero se suele hablar de otras cosas que para nada figuran en la agenda oficial de asuntos tratados. En esta ocasión hubo intercambios de puntos de vista sobre la crisis del PP. En otra anterior me consta que Zapatero conoció de primera mano la fascinación de Herrera hacia la vida monástica y la espiritualidad vivida en los cenobios de Castilla y León. Como se lo cuento.