Diario de León
Publicado por
FEDERICO ABASCAL
León

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LA MOVILIZACIÓN de transportistas, agricultores y pescadores, paralizando sus actividades respectivas, transmite una imagen a veces exagerada del problema económico que les afecta. Y no porque carezcan de razón en sus protestas sino por la espectacularidad de las mismas. Las crisis financieras no se reflejan tan llamativamente en las calles. En la actualidad política se reflejan los barcos pesqueros amarrados a puerto. Y un sector de taxistas madrileños circulaba ayer a ritmo lento por el paseo del Prado porque a este precio del gasóleo no pueden seguir trabajando. El campo corta carreteras sacando al asfalto sus tractores, los pesqueros no se hacen a la mar, los transportistas recuerdan en estas ocasiones su capacidad de colapsar el país, cegando sus vías de aprovisionamiento, y esas imágenes no pueden ser dulcificadas con eufemismos; son el rostro de la crisis que padece los sectores más afectados por la espiral del gasóleo. Se dispara su precio, y una parte de la población sufre. Ya se sabe que el petróleo es un factor que dinamiza o frena la actividad económica, según sea su precio. Pero los gobiernos suelen disponer de medidas para suavizar sus efectos, y eso lo saben tan bien los sectores concernidos que las reclaman con la esperanza que otras veces no se vio defraudada. Como si los taxistas desearan facilitar la tarea de los gobernantes, proponen las medidas que en otros sectores, como el de las líneas aéreas, ya habrían sido aplicadas, caso del suplemento repercutible al usuario en las tarifas por carestía del carburante. Como los armadores y transportistas presumen de ser gente de pelo en pecho, exponen al aire libre sus problemas en vez de ir por los despachos ministeriales compungiéndose. No cabe así en el contexto del transporte o de la pesca ningún eufemismo político que pretenda dulcificar la situación, por lo que el Gobierno ya ha ofrecido medidas correctores del daño, o que lo disminuyan. Tal vez sea la forma de protesta lo que está permitiendo al Gobierno negar la crisis económica. Los constructores no desfilan con un ladrillo en la mano exigiendo al superministro que les facilite urgentemente compradores para sus pisos. Entre otras razones porque al menos las grandes constructoras no se sienten muy afectadas por la desaceleración, al haber diversificado su actividad y sus inversiones, y porque las empresas de menor calibre o de creación reciente saben que en la burbuja inmobiliaria ellas son las que han soplado con mayor oportunismo. Pero, además del ladrillo, el eufemismo está en crisis.

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