NUBES Y CLAROS
Razón contra sinrazón
O TENGO LA RAZÓN o procedo a ejercer la sinrazón a mis anchas. En ambos casos creo que me voy a quedar tan a gusto. Pero tanto si estoy en lo cierto como si no, de lo que estoy segura es de que no voy a entender en la vida el mecanismo que desata el pánico colectivo. No creo que sea miedo a pasar hambre, ese que conocen bien quienes vivieron guerra y posguerra y vieron a los abuelos esconder galletas tras las puertas para un porsiacaso . No puede ser sino afán de acopio, de tener de todo, de que no falte un capricho. O eso, o excelente marketing de los grandes supermercados, que han vendido en cuatro días lo mismo que en los tres meses de crisis anteriores. Hay huelga de camioneros, vale. No llega de todo (¿o sí?), vale. Pero a qué viene atiborrar la despensa de leche y aceite, acaparar patatas como para un regimiento, amontonar lentejas, yogures, congelar carne,... Propongo hacer reflexión sobre nuestros hábitos de compra y de alimentación. O mejor, de acaparar para la alimentación. Yo estoy por aprovechar este ficticio desabastecimiento para hacer «limpieza» y desempolvar legumbres, pastas de siete tipos, latas que encierran toda forma de bichos comestibles y de verduras en conserva, avituallamiento para diez tipos de desayunos, harinas para siete formas de rebozado o bizcocho, sales de cuatro procedencias, vinagres a los treinta aromas, pica-pica para el fútbol y las visitas, especias para cocinar más platos que un mercado persa,... Porque en el fondo con la comida me pasa lo mismo que con la ropa o los zapatos, con los libros o los pintalabios. Tengo tantos que me atosigan, pero no soy capaz de librarme de ellos. Peor aún, sigo comprando más. ¿Soy un caso único? Reconózcanlo, somos una sociedad enferma.